Carnaval por Víctor Jara y Littré Quiroga: “El arte como movilizador de la memoria”

El lugar donde el 16 de septiembre fueron encontrados cinco cuerpos, entre ellos los de Víctor Jara y Littré Quiroga, cada año durante ese mismo mes cambia su entorno solitario al lado de la línea férrea y se llena de comparsas, baile y música. Es un carnaval que surge desde la inquietud, movilización y gestión de la propia comunidad. Un hito que desde hace seis años remueve la memoria de los vecinos de Lo Espejo y de todos quienes se suman para conmemorar a Víctor y Littré.

Rosa Núñez, gestora de la Escuelita Artística Comunitaria y parte de la organización de este carnaval, relata que se inspiraron en una manifestación de vecinos y vecinas que en dictadura se acercaban a hacia este sitio al costado del cementerio con un clavel. Estos primeros actos de memoria se convirtieron en parte del relato oral de los pobladores, juntas de vecinos y organizaciones culturales de Lo Espejo, quienes tuvieron la necesidad de que este sitio de memoria, ya reconocido por el pueblo, fuera identificado. Se movilizaron y así comenzaron la labor de “marcar” el sitio.

“Sabíamos que era al costado del Cementerio Metropolitano, pero no no tenía ninguna identificación, no había un algo que dijera ‘aquí fallecieron…aquí fueron arrojados’. Lo único que había era la persistente memoria a través de los murales que se fueron poniendo alrededor. Con ellos siempre se estuvo diciendo ‘aquí fueron encontrados’ en homenaje a Víctor y a Littré. Así se recuperaba mediante esos dibujos y murales el costado del sitio, que no era directamente el sitio porque no podíamos acceder por el basural que estaba ahí instalado”, comenta.

Memoria desde la comunidad

Tal como sucede en la mayoría de los casos de los sitios de memoria en Chile, son los sobrevivientes y los pobladores quienes comienzan a gestar su recuperación y puesta en valor. El primer paso que debieron dar los vecinos organizados de Lo Espejo fue buscar tener acceso al sitio e identificarlo con una placa. “Un primer esfuerzo que hicimos el 2013, fue poner una placa de metal. Era una placa pequeña que no medía más de cincuenta centímetros y que la mandamos a hacer entre todos para marcar el lugar”, comenta Rosa Núñez. Señala además que en ese año el carnaval también comenzó a dar sus primeros pasos al sumar la experiencia que la Escuelita Artística había acumulado en su participación acompañando a movimientos sociales.

“Junto con eso, tuvimos la posibilidad de desarrollar, teniendo la experiencia más o menos hacía un año, de generar una comparsa. La nombramos “Comparsa la sabrosona” y esa experiencia nos abrió la posibilidad de desarrollar un acto cultural y nosotros, como comparsa y escuela cultural, pudimos acompañar previamente recorriendo las calles de la comuna. Éramos alrededor de 30 personas que hicimos un carnavalito al que nombramos Pasacalle en homenaje. Llegábamos bailando desde la población Clara Estrella hasta el costado del cementerio, ya que aún no podíamos acceder al sitio”.

Ese primer acto, que contó con la presencia de Joan Jara y nuestra fundación. Fue un primer indicio de lo que estas organizaciones sociales lograrían en las siguientes versiones del carnaval. Además de la primera placa, ya habían captado la atención de la comunidad, la cual comenzó a acercarse y generar un diálogo sobre la memoria. “Los vecinos salían a saludar, nos preguntaban de donde éramos, por qué estábamos haciendo esta actividad”, cuenta Rosa.

“Con ese acto logramos que la comunidad saliera de las casas, que se enterara de lo que estaba pasando, que supieran por qué estábamos haciendo esta actividad. Empezaron a aparecer muchos relatos de gente que empezó a recordar ese momento en septiembre del 73 y se generó una conversación diversa (…) pero nos dimos cuenta que sólo con esa pequeña acción de músicos y bailarines que fueron por la calle, se movilizó muchísimo la memoria de esa comunidad”.

Estos logros motivaron a sus organizadores a que los siguientes carnavales incluyeran cada vez a más agrupaciones, muchas de ellas con experiencia reconocidas en el ambiente carnavalero de Santiago, y también a más de 20 brigadas muralistas que lograron demarcar el sitio de manera mucho más clara y amplia. El carnavalito que había surgido como legado de esos gestos pequeños pero valientes en plena dictadura, hoy ya tomaba forma de manera organizada, articulando más grupos y con un hilo conductor. “Cada vez que hacíamos un carnaval tenía una idea fuerza. Un año se llamó ‘Deja la vida volar’ porque teníamos la necesidad de sacar a la luz, socializar, dar a conocer. En otro momento fue, acompañando la campaña de la Fundación Víctor Jara, ‘Justicia para Víctor’ y así cada año”.

El siguiente paso

Las obras del tren Rancagua Express, instaladas al costado del Cementerio Metropolitano el 2013, parecía que serían una nueva complicación para este carnaval. Sin embargo, su instalación significó que la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) debió limpiar el basural que no permitía tener una entrada total al sitio. Al poder acceder al lugar, la organización junto con la Fundación Víctor Jara solicitaron al Consejo de Monumentos Nacionales que todo el frontis del Cementerio Metropolitano fuese declarado sito de memoria y por acuerdo establecieron un punto específico y pusieron la primera piedra para instalar el hito que lo distingue actualmente.

Esta nueva placa, de gran tamaño, también fue producto de gestiones y colaboraciones, en este caso con el Cementerio Metropolitano, quienes la construyeron como parte de las actividades de su aniversario 50, el año 2014. Al año siguiente vino el siguiente gran logro, la declaración de sitio de memoria por parte del Consejo de Monumentos Nacionales. Todos estos avances de su puesta en valor fueron de la mano de un gran crecimiento en el número de agrupaciones carnavaleras participantes y de un trabajo especial de la Escuelita Artística, la cual crea una cuidada propuesta artística especial para cada versión.

“Cada año se ha ido consolidando más el carnaval. Yo diría que ya después de seis años casi no necesitamos difusión, la gente sabe. Conoce las calles específicas por donde va el carnaval y de hecho, nos esperan con agua, que nos tiran globos, con challa. Vecinos que nos esperan con sus abuelos en sillas de ruedas en la calle”.

Estos logros establecen nuevos desafíos para las organizaciones sociales tras este gran carnaval. La preservación y cuidado del sitio se hace urgente y para eso el actual objetivo de los organizadores es establecer una mesa de trabajo que los involucre a ellos y organismos del estado. “Las organizaciones solas no podemos porque es un terreno enorme sin resguardo. El esfuerzo hoy es que las organizaciones comunitarias y el estado para cuidarlo y darle la dignidad que se merece”

El carnaval de Lo Espejo es una manifestación que ya está instalada en la comunidad. Rosa Nuñez enfatiza que además de ser un homenaje a Víctor Jara y Littré Quiroga es también un reconocimiento a la valentía de esos pobladores y pobladoras que con tan sólo unos claveles manifestaron que la memoria debe ser un ejercicio diario.

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *