Archivo Víctor Jara

HUELLAS, RASTROS, SURCOS

Yo hago surcos a la tierra
Víctor Jara

 

A Joan no le gusta hablar, pero es un privilegio oír su palabra. Siempre con su dolor irreparable, con solidaridad recíproca, incansable en su misión y transmitiendo fuerza. Mucha fuerza. Cabizbaja, escucha, piensa. No queremos importunarla. Infunde un respeto profundo difícil de verbalizar. El silencio es una canción de Víctor Jara que solo ella conoce.

Recientemente presidió el acto en el que la Fundación Víctor Jara hizo público el sitio archivovictorjara.org. Se trata del resultado de un largo trabajo de rescate patrimonial en torno a la biografía y obra de Víctor Jara; a la solidaridad internacional motivada por el impacto de su testimonio y a la resonancia de su figura en la resistencia democrática y en las nuevas generaciones. El acervo corresponde a quinientas fotografías que estarán a disposición de las personas interesadas en conocer, revisar, investigar. Afiches, fotografías, correspondencia. Huellas, rastros, rostros, resonancias. Surcos. Una tarea de rescate, divulgación y defensa de la memoria que Joan –con sus hijas Manuela y Amanda- inició cuando comenzó un exilio interminable. Ya como Fundación la iniciativa empezó a materializarse hace unos 27 años, con el aporte fundamental de Eugenia Arrieta Salvatierra, ya fallecida, quien como voluntaria de la Fundación se dedicó a solicitar, recopilar y ordenar diversos documentos. La tarea continuó (el Archivo fue presentado por Catalina Echeverría y Mariela Llancaqueo; junto a Cristian Galaz, director ejecutivo de la FVJ).

Pienso que son huellas, los vestigios biográficos que tenemos de Víctor Jara que dejaron una impronta “verificable” (sus discos, fotografías y videos de actuaciones, apariciones en la prensa de su época, etc.); como rastro pienso en la presencia en la ausencia, sin Víctor Jara físicamente –deja su huella en el viento- y ese rastro lo recoge la solidaridad internacional (afiches, conciertos en su homenaje, esculturas, nombre de calle, etc.); por último están las resonancia en las expresiones espontáneas donde la figura y obra es inspiradora de otras obras y figuras, de nuevas generaciones que no conocieron a Víctor Jara en persona ni vivieron o sufrieron la solidaridad internacional o la resistencia bajo dictadura; pero que tienen una cercanía afectuosa con el mito. A propósito recuerdo –y vuelvo a escuchar- “Homenaje” de Santiago del Nuevo Extremo: Sólo quiero saber quiénes miran / hacia donde miro yo /quiénes son los que enredadas las manos / se acuerdan del cantor. // No vacilaremos / en tenderle una canción / un millón de voces / le dirán que no fue en vano / que nos diera de su boca / el pan del aire y una flor / Víctor, gran ausente / desde siempre te cantamos…

Un Archivo es más que un archivo. Lleno de memoria, en él están las huellas, el rastro y las resonancias: un gran surco en nuestra tierra que tiene semillas de valores y memoria, de arte y política que, sabemos, no todas germinan al mismo tiempo.

 

Jorge Montealegre I.

Camilo Catrillanca

CAMILO CATRILLANCA, ROGER WATERS Y VICTOR JARA.

Poco antes de que empezara el recital de Roger Waters, y en medio de la ansiosa espera, al centro del Estadio nacional, comenzamos a recibir noticias de que algo muy grave estaba pasando en el Walmapu, en la zona de Ercilla, en la comunidad de Temucuicui. Las noticias eran confusas. Ya entrada la noche y el recital avanzando hacia el final, las noticias se confirmaban: un comunero había sido muerto una vez mas por la espalda, con balas disparadas por miembros del comando Jungla.

Entonces Roger Waters tomó su celular y lo acercó al micrófono. La voz de Victor Jara se escuchó con asombrosa claridad, cantando El Derecho de Vivir en Paz. La emoción por partida doble. Por un lado un homenaje sincero de un gran artista, aplaudido por los 50 mil asistentes. Pero por otro, la triste coincidencia de que lo que ahí se expresaba contenía una verdad desgarradora: el canto valiente siempre será canción nueva. La vigencia del mensaje de Victor nos envolvía en el dolor por tantos y tantas hermanas asesinadas por la mano de miserables intereses económicos.

Esa noche no la podremos olvidar jamás. Por Roger, por Víctor y por Camilo.

#JusticiaParaCamiloCatrillanca

Cristian Galaz
Noviembre 2018

Foto: Agencia Uno.

jorge

Los Poetas Recuerdan a Víctor Jara

Me habría gustado conocer en persona a Víctor Jara. Lo vi de lejos, cantando en alguna manifestación. No me nace llamarlo simplemente “Víctor” como si lo hubiera conocido, temeroso del abuso de confianza o presumir un privilegio que no tuve. Sin embargo, lo siento cercano como a un amigo entrañable, un hermano mayor al que se echa de menos, al que alguna vez le escribí un poema. Víctor Jara es, al mismo tiempo, un amigo sencillo, cercano, y un símbolo universal que alcanzó las estrellas.

Grande y sencillo como todas nuestras víctimas, a las que debemos honrar. Para cada una de ellas tenemos un respeto equivalente. Cada víctima simboliza a las otras. Se contienen significativamente. Así, tras la imagen de Víctor Jara también están sus hermanos y hermanas en la tragedia. Lo imagino caminando por su Universidad Técnica del Estado, entre esculturas y murales que lo recuerdan. Su rostro, sus manos heridas, su guitarra rota.  Despierta, al mismo tiempo, un sentimiento de familiaridad –el amigo ausente- y de estar cerca de una leyenda inmortal, que ya es parte de la historia. Él quiso cantar “Cruz de luz”, el tema del recordado Daniel Viglietti: Camilo Torres muere para vivir. La escuchamos y nos recuerda a Víctor Jara, a Daniel Viglietti y a Camilo Torres. Vivos. El poder del canto que construye memorias.

Cercano y mítico Víctor Jara inspira canciones, pintura, dibujos, murales. También poesía. En un libro reciente –Wurlitzer, cantantes en la memoria de la poesía chilena– podemos encontrar al menos diez poemas dedicados a Víctor Jara o en que él es parte de la atmósfera del poema. Escritores importantes como Fernando Alegría le dedican sus versos y se rebelan contra el asesinato: “Te oigo hermano cantar / en el Estadio vacío / voz de piedras en un río / que nadie habrá de callar, / y me da por preguntar / por qué tu vuelo cortaron / si supieron que fallaron / no por mala puntería / pues el pueblo recibía / vida cuando te mataron”. Artistas que trabajaron con Víctor Jara, como el poeta y escritor Patricio Manns, agregan versos que también se pueden cantar: “Los que rompieron su pecho / salpicando allí amapolas / no saben que el canto es ola / que vuela sobre los techos / Podrán acallarlo un trecho / podrán mancharle la cara / pero el brazo que dispara / no puede contra el que canta / Por sellarle la garganta / mataron a Víctor Jara”. Por su parte, el crítico y poeta Pedro Lastra le dedica unas Palabras viendo cómo crece el recuerdo de Víctor Jara en las almas sencillas: Deja pasar los años, Víctor Jara, / en el tiempo que viene / nadie recordará / al oscuro hombrecillo que ordenó que murieras / ni a los que dispararon contra ti: ya sus almas / se pudren o se queman, da lo mismo / porque el infierno es el olvido. / Pero tú cantarás, / cantarás para el día más alto y la memoria / y entonces sí, tu nombre / alumbrará una calle, una plaza de aldea / a la que irá mi madre / otra vez con sus flores y luciérnagas / y tú y yo como ayer / sabremos por qué cantas y tu voz / llena de nuevo el aire de palomas”.

Poeta también, Víctor Jara escribió poesía en el estadio que hoy lleva su nombre. Es evidente que su imagen evoca de inmediato al cantor y compositor. La sonrisa ancha es la música y su rostro sombrío es el golpe de estado. Los focos iluminan su música y las circunstancias de su muerte. En segundo plano, eclipsada por las otras facetas de un artista múltiple está el hombre de teatro, el que relaciona a los diversos personajes, caracteres y escenarios, de cara al público. Generalmente al personaje se le aísla en la construcción del mito y me parece aleccionadora la vocación de trabajo en equipo que denota Víctor Jara, quien fuera parte del Conjunto Cuncumén y de compañías de teatro donde su aporte producía sinergia con otros oficios. Así, la figura de Víctor Jara es evocadora de grandes talentos que siempre valdrá la pena recordar como parte de una época prodigiosa y de una comunidad artística e intelectual que compartía sueños y proyectos. Recordarlo en sus diversas facetas desmiente y fortalece su proceso de construcción del mito. Lo desmiente porque lo humaniza, acercándonos a su cotidianidad, a sus amigos, alejándolo de la estatua; lo fortalece, porque resulta que el personaje es más grande aún de lo que pensábamos.

Jorge Montealegre Iturra

Integrante del Directorio de la Fundación Víctor Jara

Septiembre de 2018.

jorge

EL MONTAJE

Participé en el “montaje”. Tuve el privilegio de participar en la etapa de preparación del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, antes de su inauguración. Fue un trabajo acotado, que no estaba en una esfera de decisión. Ser periodista y escritor me habilitaba profesionalmente para el trabajo. Mis escritos testimoniales y sobre las memorias; así como el haber colaborado en los años ’80 en la Comisión Chilena de DD.HH. me convertían en una persona cercana a los temas que debería abordar. ¿De qué se trataba? Debía escribir los textos de síntesis que debían servir para las vitrinas y otras piezas de la museología, diseño y definición que le correspondía tratar a otras personas. Leí miles de páginas provenientes de los documentos oficiales, cuya fuente eran los informes llamados “Rettig” y “Valech”. Relatos espeluznantes, estremecedores, pavorosos. Pero ni espeluznante, estremecedor o pavoroso se me permitió  utilizar en los textos. Tuve que evitar –a pesar de las tentaciones y el asombro- todo adjetivo, toda opinión: “Que califique la persona que visite el museo, que se enfrente ante las evidencias”. En otras palabras, que el Museo entregue el dato y no el relato. Me costaba mucho no adjetivar, con rabia incluso; con espanto, con dolor. Pero había una línea editorial que impedía los gustitos personales. La actitud típica de la transición, de la posdictadura. En el directorio del Museo, además, estaba –sigue estando- representada la derecha; incluso un ex integrante del Consejo de Estado de la dictadura. Entre las fotos de las víctimas de violencia política, si se mira bien, hay personas desaparecidas y ejecutadas junto a uniformados que están registrados en el Informe Rettig. El “montaje” se hizo hasta con timidez, lejos de cualquier osadía o intrepidez que pudiera impedir que pudiera existir el Museo. Parte de su viabilidad dependía –maldita sea- de los victimarios. Y que se pudiera crear y que exista hoy es un logro. A pesar de todo.

Es tan elocuente lo que ahí se preserva, se muestra, se divulga en función de que Nunca Más se repitan las atrocidades cometidas por la dictadura cívico militar –con el silencio, desinformación, desidia, complicidad pasiva y activa de tantos- que ciertamente contribuye a la formación de una cultura de los derechos humanos y al reconocimiento de cómo las víctimas supieron enfrentar con dignidad el sufrimiento. El Museo cumple su misión y otras organizaciones de la ciudadanía también lo hacen complementando esa memoria, aportando las diversas piezas de un puzzle que la historia irá interpretando. Por ello, son ofensivos los dichos del personero de gobierno que habla de “montaje”, que el museo es “para contar una versión falsa”, para que “la gente no piense, para atontarle”. Pueden criticar, pero no desmentir. Quienes, a pesar de las evidencias, siguen negando, minimizando o relativizando los terribles crímenes cometidos están enfermos de contumacia: insisten en el error y el horror.

Ya conté mi participación en el “montaje”. Ciertamente no se trataba de “hacer literatura” ni de lucirse, pero reconozco que fue un privilegio. Lo agradezco. Me parece bien que la voz pública de los escritores se haga escuchar. En ese sentido es significativo que un Premio Nacional de Literatura –Raúl Zurita- haya reaccionado de inmediato ante los dichos del ministro de las culturas, las artes y el patrimonio: “Declaraciones que hieren lo más entrañable del pueblo de chile, a sus desaparecidos, a sus fusilados, a sus torturados, a sus exiliados…” apelando –el poeta- a “nuestra dignidad como artistas, como escritores, como intelectuales, como seres humanos en ello”. Comparto, suscribo y agradezco esa declaración. Defendamos nuestro Museo de la Memoria y los Derechos Humanos; y cada esfuerzo por completar, preservar y divulgar la memoria que se hace -también- fuera de esa institución. Que el silencio de los escritores y escritoras no nos resulte algo vergonzante.

 

 

Jorge Montealegre I.

Escritor

Director Fundación Víctor Jara

37921862_10216817307568789_1121680019869925376_n

MADRES

 

Ayer despedimos a Ana Luisa Sáez Vásquez, madre de Michel Nash Sáez. Mientras estaba allí en la pequeña ceremonia en el cementerio general, escuchando algunos testimonios, observando a las personas que la acompañaron, mirando su ataúd con una rosa roja encima, entre la pena por su partida, y la rabia por la injusticia y crueldad a la que fue sometida con la desaparición de su hijo Michel Nash Sáez, me preguntaba por qué esa despedida tan solitaria, tan callada. Estaba su familia y unas 80 personas, la mayoría mayores de 50, un joven de la Juventud Comunista y el Diputado Comunista Hugo Gutiérrez.

Me pregunté con enojo, para ser franca, dónde están todos los jóvenes que hoy quieren cambiar el mundo, dónde están las organizaciones sociales, las múltiples izquierdas, las feministas, los colectivos de luchadores sociales, los intelectuales, dónde están las banderas, las canciones, las flores que debieron acompañar a una mujer que lucho 45 años por los derechos humanos, por la verdad y la justicia. Ella era una madre que perdió a su hijo en septiembre de 1973, fue fusilado y hecho desaparecer. Ana luchó hasta su último respiro por encontrarlo. Ella es una más de esas mujeres que remecieron la conciencia de Chile en los peores años de la dictadura. Ana es una más de esas madres que se enfrentaron a Pinochet solas, que salieron a las calles, que hicieron la huelga de hambre más larga en dictadura, que pusieron, gracias a sus luchas, las violaciones a los derechos humanos que se cometían en Chile, en la primera plana del mundo y con eso nos ayudaron a TODOS!  Su lucha es de un valor incalculable para la vida de muchos de nosotros, para que hoy exista democracia, para que hoy se hable de derechos humanos, para que sea TEMA en el Chile de hoy.

¿Acaso no debiéramos salir en masa a despedir a una mujer así?, ¿Acaso no debiéramos todos tomar su bandera y seguir preguntando Dónde Está Michel Nash Sáez? ¿Acaso no debiéramos todos abrazar a esas mujeres, las que aún viven y ayudarlas a encontrar a sus hijos antes que se mueran sin saber?!

 

Ella pidió que se pusiera una canción de Silvio Rodríguez que dice así:

A dónde van las palabras que no se quedaron

A dónde van las miradas que un día partieron…

…a dónde van ahora mismo estos cuerpos

que no puedo nunca dejar de alumbrar

acaso nunca vuelven a ser algo

acaso se van..

y a dónde van, a dónde van.

 

Así terminó su despedida, con la pregunta insistente que vivió con ella 45 años ¿Dónde, Dónde estás hijo mío??!! , ¿Dónde? Una pregunta que NO QUIEREN RESPONDER LOS RESPONSABLES DE ESTE HORRIBLE SUFRIMIENTO. Una pregunta que los que no tienen un desaparecido no están haciendo, una pregunta que los jóvenes no hacen, que la sociedad chilena no hace.

Es una pregunta que deberíamos gritar TODOS los que nos decimos respetuosos de los derechos humanos. DEBERÍAMOS EXIGIR una respuesta. Porque las respuestas ESTÁN.

Es un imperativo ético gritar esa pregunta ¿Dónde Están los Detenidos Desaparecidos?

Las cenizas de Ana serán llevadas a Pisagua. Sí a Pisagua, el lugar donde fusilaron a su hijo. Serán lanzadas al mar, porque ella pensó que quizá allí, en el fondo del mar se encontraría finalmente con su hijo Michel.

Cada vez que se muere una madre sin saber dónde está su hijo, pierde la humanidad de este país, cada vez que una madre que ha luchado 45 años por la verdad y la justicia se va así, apenas acompañada de unos pocos, en silencio, se muere la verdad y la justicia.

HASTA ENCONTRARLOS.

Andrea Ugalde Prieto

Directora

 

Concierto Los Vásquez, 29 de septiembre, Estadio Víctor Jara

LA MEMORIA ES FUTURO ¿O EL FUTURO DE LA MEMORIA?

En las últimas semanas hemos vuelto a comprobar que la memoria histórica es un territorio en disputa, en todos los sentidos posibles. Disputa de un territorio cultural por cierto, ya que la memoria es construcción de sentido y se levanta todos los días en forma de canciones, poemas, arte en general, y se proyecta en las conversaciones diarias al interior de las familias, en los círculos de amistad. Por eso el 17 de mayo pasado hicimos el lanzamiento oficial del FAM 2018, el FESTIVAL ARTE & MEMORIA VICTOR JARA. (ver http://fundacionvictorjara.org/sitio/fundacion-victor-jara-anuncia-el-primer-festival-arte-y-memoria-fam-victor-jara-2018/ ). Este Festival consiste en una semana de conciertos, exposiciones, teatro, charlas, cine, conversatorios y encuentros en torno a la memoria y se realizará en el Estadio Víctor Jara en septiembre próximo (ver también www.famvictorjara.cl ).

Pero la memoria es también un territorio en disputa concreto y material. Este llamado a participar del FAM 2018 es un llamado también a rescatar el espacio del Estadio Víctor Jara, rescatarlo para que vuelva a ser un lugar de encuentro para la ciudadanía y también un espacio digno para la memoria histórica y los derechos humanos. Hoy este Estadio no recibe actividades masivas y se encuentra en un entorno de abandono y vulnerabilidad  (ver http://fundacionvictorjara.org/sitio/fundacion-victor-jara-presenta-proyecto-para-recuperar-el-acceso-principal-y-frontis-del-estadio/ ).

Otro ejemplo de disputa territorial es la que denunciamos, también en estos días, acerca del estado de abandono en que se encuentra el Memorial de Lo Espejo, a un costado del cementerio Metropolitano (ver http://fundacionvictorjara.org/sitio/fundacion-victor-jara-denuncia-danos-sufridos-en-memorial-de-ejecutados-politicos-en-la-comuna-de-lo-espejo/ y http://fundacionvictorjara.org/sitio/declaracion-publica-denuncia-por-graves-danos-a-memorial-en-lo-espejo/ ). Existe este memorial gracias a los vecinos organizados de Lo Espejo y señala el lugar donde fueron arrojados los cuerpos de Litré Quiroga y Víctor Jara.

Todos estos espacios señalados: el Pasaje Arturo Godoy que da acceso al Estadio Víctor Jara, el estadio mismo, y el Memorial de lo Espejo, no solo tienen en común el que están unidos a la memoria de Litré y Víctor, sino también que se encuentran convertidos en basural y baño público. Esto no es solo una cruda realidad, sino que constituye un mensaje que la sociedad chilena le está enviando a las nuevas generaciones y al mundo: NO NOS IMPORTA LA HISTORIA, NO NOS IMPORTAN LOS DERECHOS HUMANOS, NO NOS IMPORTA LA MEMORIA. Devolver la dignidad que se merece la memoria histórica es preservarla y protegerla, pero sobretodo es enviar un nuevo mensaje al mundo: SOMOS DIGNOS DE ESTE LEGADO PORQUE LO AMAMOS Y LA CUIDAMOS.

Tal es la magnitud de esta disputa por un territorio que resulta crucial para conquistar el futuro, un futuro digno para los que vengan. LA MEMORIA NO ES UN ASUNTO DEL PASADO, LA MEMORIA ES EL MATERIAL CON QUE CONSTRUIMOS EL FUTURO DE NUESTRA HISTORIA.

 

Santiago, junio 2018

 

Cristian Galaz

Director Ejecutivo

Fundación Víctor Jara.

estadio victor Jara

¿UN CALLEJON SIN SALIDA?

Eso es lo que parece hoy el pasaje Arturo Godoy, ese que le da acceso al estadio Víctor Jara. Está convertido en un callejón mal oliente, un basural insalubre, un pasaje al cual nadie se atreve a transitar ni a plena luz del día por temor a pisar caca o a ser agredido por los oscuros habitantes permanentes del espacio. Y la situación no tiende a mejorar sino todo lo contrario, cada día se vuelve peor, empobreciendo la vida de un barrio en el cual viven y trabajan una enorme cantidad de personas.

Por si esto fuera poco se trata de un Monumento Nacional en la categoría Monumento Histórico. Es decir que el estado chileno distingue a este lugar como un espacio valioso para la ciudadanía, reconoce su importancia histórica pero no se hace cargo de mantenerlo conforme a la dignidad especial que merece. Al deterioro se agrega el hecho insólito que no hay una placa o simple cartel que señale su carácter de Monumento, no existe una señalética que indique las razones de esa distinción. El abandono es total.

HACERSE CARGO

Pero como Fundación Víctor Jara no estamos solo denunciando esta desagradable e inútil situación. No queremos mirar desde la esquina lo que los demás debieran hacer. Queremos hacernos cargo del problema y ser parte de las soluciones. Por eso hemos elaborado un plan integral de rescate del pasaje que ya fue aprobado por el Consejo de Monumentos (ver reportaje en esta edición). Hemos dado a conocer este proyecto a la Municipalidad de Santiago (la que según la ley tiene la responsabilidad de cuidar el pasaje en tanto Monumento Nacional) y a la Intendencia Metropolitana. Hemos tenido buena acogida, pero esto no se ha traducido en recursos para implementarlo.

Rescatar este espacio puede tener un gran impacto en la vida cívica de este barrio populoso y vital ya que no solo mejoraría sustancialmente la visualidad del pasaje, sino que también permitiría su uso recreativo y cotidiano por parte de los vecinos y miles de personas que por allí transitan diariamente. También permitiría dotar al Estadio Víctor Jara de un acceso digno al tiempo de convertir el pasaje mismo en un espacio de encuentro para desarrollar actividades artísticas, culturales y de memoria.

Seguiremos golpeando puertas y haciendo fila ante las ventanillas que sean necesarias, pero necesitamos ayuda, solos la tarea se nos pone cuesta arriba. Por eso a partir de ahora iniciamos una campaña comunicacional para difundir este grave problema, así como nuestra propuesta de solución. Hacemos un llamado a la ciudadanía, a los habitantes del barrio, a las asociaciones culturales, barriales, migrantes, a las juntas de vecinos, a sumarse a este esfuerzo contactándose con nosotros. Al mismo tiempo solicitamos el apoyo de artistas y miembros de la comunidad cultural para que nos acompañen en esta tarea. Todo apoyo suma para que este aparente callejón sin salida se abra a la comunidad con renovada vida.

 

Cristian Galaz

Director Ejecutivo

Fundación Víctor Jara

Abril, 2018