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Columna de opinión Jorge Montealegre

Me motiva una respetuosa admiración por Joan, un impulso a responder dignamente a una invitación inesperada; un llamado para compartir una tarea que, en ella y sus hijas Manuela y Amanda, ha sido incesante. Contribuir en algo a ese esfuerzo, que ya tiene tantos años, es un honor. Cuidar la memoria en torno a Victor Jara, extender el mensaje que está en su obra musical, recordarlo en el escenario, los trabajos voluntarios, las marchas…todo esos parte de la misión que preserva la humanidad de quien compartió la victoria y la tragedia de un pueblo. No lo conocí personalmente, pero heredo en cierto sentido su presencia en la Universidad Técnica, cotidianamente, y reconozco su voz y sus melodías en mis recuerdos de adolescencia, de exilio y de los interminables días de la esperanza por lograr una democracia mas profunda e ininterrumpida. Hay gratitud en este compromiso con la Fundación Victor Jara, adhiero a su misión y espero contribuir a su realización junto a quienes admirablemente han mantenido el compromiso por muchos años, recibiendo solidaridades y cariño; pero también con sacrificios e incomprensiones evidentes.

Jorge Montealegre, Escritor y académico de la USACH

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