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Ignacio Achurra: “En Chile hay censura”

Desde su “trinchera política” el actor, director, dramaturgo, académico, fundador de las compañías de teatro callejero “Colectivo Contrataque” y “La Patriótica interesante” y presidente del Sindicato de Actores y Actrices de Chile (SIDARTE), Ignacio Achurra, reflexiona sobre el escenario político que le depara a la cultura y las artes, tras el triunfo electoral de Sebastián Piñera y las luchas actuales de las artes escénicas.

¿Cómo ves el escenario político para el desarrollo de las artes tras los resultados de las elecciones parlamentarias y presidenciales?

Yo creo que hay un escenario político incierto, por un lado, hay un presidente de derecha que representa un sector que históricamente no ha sido muy amigo de las artes y la cultura. La anterior administración de Piñera promovió, un modelo de desarrollo cultural que tenía su sustento en las industrias culturales. Nosotros como sector y yo, como dirigente, consideramos que la idea de las industrias culturales es aplicable a un sector muy pequeño de la cultura, debido a que la gran mayoría no puede regirse por las lógicas de la sustentabilidad mediante el mercado.

Considero que la cultura es un derecho, por ende, debe estar garantizada por el Estado. Además, hay un montón de expresiones artísticas que son complejas y dinámicas, que no caben en las lógicas tradicionales de la oferta y la demanda, pero son necesarias para el desarrollo del alma de este país.

En tanto, en el Parlamento hay por primera vez 20 diputados y diputadas electos de un sector que no había tenido representación, más que con tres representantes.  El Frente Amplio si tiene una mayor valoración del rol de la cultura y las artes. Tanto así, que el programa de Beatriz Sánchez es rico en complejidad, en comprensión conceptual de lo que significa la cultura, las artes y el patrimonio. Por lo tanto, en el congreso se ve un espacio importante de avance.

¿Cuáles son los desafíos que se vienen en el futuro para las artes escénicas, en especial para las expresiones artísticas callejeras?

La relación del espacio público es compleja en todos los países. Soberanamente el espacio público nos pertenece a todos los ciudadanos, pero la administración de éste le corresponde al gobierno de turno. Ahí hay una fractura porque en este espacio conviven muchos intereses, que son legítimos.  Desde las personas que quieren descansar y disfrutar del silencio, los intereses de libre circulación y los que queremos desarrollar actividades culturales, como el teatro callejero, que interrumpen los tránsitos de los intereses capitalistas, que están desarrollados y diseñados en una lógica de traslado desde tu lugar de habitación a tu lugar de producción.

Entonces, cualquier actividad que rompa el libre tránsito entre la ciudad capitalista, el lugar de habitación y el lugar de trabajo, representa un problema. Por lo que el uso del espacio público, por parte de las artes callejeras o las artes urbanas, están siempre en un espacio complejo, tanto jurídico como ético. Esa situación crítica se debe administrar con un criterio que de alguna manera imponen las autoridades y tiene que ver con cuanto más sensibles eres a valorar este tipo de actividades. Son dichos criterios que se relacionan con una visión de políticas públicas los que hoy en día están en una esfera poco definida respecto a las artes y la cultura.

Con las complejidades que tienen que sortear los artistas en el desarrollo de sus proyectos artísticos, ¿ves en la burocracia y las estructuras administrativas algún afán de censura?

Yo creo que sí hay censura en Chile, de manera muy soterrada. Se censura de muchas maneras. Por ejemplo, cuando un encargado de una corporación cultural municipal, de un cierto color político, le toca evaluar los proyectos que ya se han adjudicado fondos del Consejo de la Cultura y las Artes (CNCA), éste te evalúa a nivel de discurso y no a nivel estético los proyectos que podrían pasar por su comuna. Nosotros que hacemos un teatro político, es evidente el sesgo, muchas veces nos han cerrado la puerta a portazos en comunas porque nuestros niveles discursivos son muy críticos y provocadores, o porque no están en la línea política de ellos.

En el gobierno anterior de Piñera, tuvimos una experiencia al presentar la obra “La larga noche de los 500 años”, en el marco del Festival Santiago a Mil.  La obra es un trabajo muy interesante sobre la relación conflictiva entre el pueblo mapuche y el Estado. La función se realizó en la Plaza de la Constitución, al terminar, se me acerca la jefa de seguridad de la intendencia para informarme que el intendente le había llamado la atención por autorizar dicha obra. Ante su comentario, yo le respondí que cuál había sido el problema. La función transcurrió de forma pasiva, no es una protesta, ni hubo destrozos en la vía pública, ni agresiones a carabineros. Ella me dio a entender que, de haber sabido la temática y el tono de la obra, ésta no se hubiera autorizado. Yo recalqué que de haberse suspendido o negado el permiso, era un acto de censura, lo que hace 30 años pasaba en nuestro país, cuando las autoridades evaluaban las expresiones artísticas políticamente.

¿Qué crees que hay que hacer para combatir este tipo de censura?

Primero, creo que hay que denunciar y decir fuerte y claramente que en Chile hoy en día hay mecanismos políticos de censura. Esto me parece que es del todo claro, innegable y comprobable. Nuestro gran aliado es el público. Porque mientras un alcalde no quiere que estemos en su comuna, es la gente, los ciudadanos, los que sí quieren que estemos en su comuna. Nuestro gran valor es el público.  El encuentro con el público y la valoración de nuestro trabajo es lo que nos mantiene vivos, en pie y con deseos de seguir haciendo teatro.

Estamos en Pedro Aguirre Cerda, a las 5 de la tarde, en un lugar no del todo amable, ensayando con el grupo una obra que llevamos 7 meses trabajando gratis, que vamos a ganar una plata, que ya la hemos gastado en transporte y los almuerzos de estos meses Lo hacemos con una convicción de que estamos haciendo algo importante y decidor. Yo creo que las cosas tienen el valor que uno les otorga, las cosas se vuelven sagradas en la medida que uno le da ese valor. Cuando todos consideramos que lo que estamos haciendo es tan importante y lo hacemos con tanto rigor, con tanta seriedad y con tanta convicción, termina volviéndose un espacio sagrado.

¿Como trabajador y dirigente de las artes escénicas cómo ves la precarización laboral de tus compañeros?

Nosotros tenemos un nivel de precarización laboral enorme, un nivel desempleo abismante, y un gran nivel de informalidad. Uno de los principales desafíos que tenemos es avanzar en los niveles de formalización en las relaciones laborales. Tenemos que hacer un triple trabajo, por un lado, mejorar las leyes laborales, seguir avanzando en la construcción de política pública en el ámbito de las artes y particularmente en las artes escénicas. También debemos ser capaces de persuadir, convencer, fiscalizar y obligar a cumplir el código del trabajo a los empleadores: festivales de teatro, productoras, canales de televisión, universidades, municipalidades, el propio Estado, que muchas veces es uno de los peores empleadores.

Paradojalmente hay que convencer a los propios artistas que somos sujetos de derechos sociales. Muchas veces se cree que la visión de trabajador es divergente con el artista, un creador con toda la libertad que requiere puede ser un trabajador. Se puede tener un trabajo que cumpla con los estándares de subordinación y dependencia y también puedo tener otro trabajo que tenga que ver con el emprendimiento.

Tenemos que convencer a los empleadores de que la existencia de una cultura de derechos sociales para los artistas, permite que todos crezcamos como país y sigamos trabajando en la construcción de políticas públicas, en organización, en diálogo, para que sigan existiendo más y mejores leyes que nos den garantías a los trabajadores de las artes y la cultura.

Por: Vanessa Tagle O.

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