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Los Poetas Recuerdan a Víctor Jara

Me habría gustado conocer en persona a Víctor Jara. Lo vi de lejos, cantando en alguna manifestación. No me nace llamarlo simplemente “Víctor” como si lo hubiera conocido, temeroso del abuso de confianza o presumir un privilegio que no tuve. Sin embargo, lo siento cercano como a un amigo entrañable, un hermano mayor al que se echa de menos, al que alguna vez le escribí un poema. Víctor Jara es, al mismo tiempo, un amigo sencillo, cercano, y un símbolo universal que alcanzó las estrellas.

Grande y sencillo como todas nuestras víctimas, a las que debemos honrar. Para cada una de ellas tenemos un respeto equivalente. Cada víctima simboliza a las otras. Se contienen significativamente. Así, tras la imagen de Víctor Jara también están sus hermanos y hermanas en la tragedia. Lo imagino caminando por su Universidad Técnica del Estado, entre esculturas y murales que lo recuerdan. Su rostro, sus manos heridas, su guitarra rota.  Despierta, al mismo tiempo, un sentimiento de familiaridad –el amigo ausente- y de estar cerca de una leyenda inmortal, que ya es parte de la historia. Él quiso cantar “Cruz de luz”, el tema del recordado Daniel Viglietti: Camilo Torres muere para vivir. La escuchamos y nos recuerda a Víctor Jara, a Daniel Viglietti y a Camilo Torres. Vivos. El poder del canto que construye memorias.

Cercano y mítico Víctor Jara inspira canciones, pintura, dibujos, murales. También poesía. En un libro reciente –Wurlitzer, cantantes en la memoria de la poesía chilena– podemos encontrar al menos diez poemas dedicados a Víctor Jara o en que él es parte de la atmósfera del poema. Escritores importantes como Fernando Alegría le dedican sus versos y se rebelan contra el asesinato: “Te oigo hermano cantar / en el Estadio vacío / voz de piedras en un río / que nadie habrá de callar, / y me da por preguntar / por qué tu vuelo cortaron / si supieron que fallaron / no por mala puntería / pues el pueblo recibía / vida cuando te mataron”. Artistas que trabajaron con Víctor Jara, como el poeta y escritor Patricio Manns, agregan versos que también se pueden cantar: “Los que rompieron su pecho / salpicando allí amapolas / no saben que el canto es ola / que vuela sobre los techos / Podrán acallarlo un trecho / podrán mancharle la cara / pero el brazo que dispara / no puede contra el que canta / Por sellarle la garganta / mataron a Víctor Jara”. Por su parte, el crítico y poeta Pedro Lastra le dedica unas Palabras viendo cómo crece el recuerdo de Víctor Jara en las almas sencillas: Deja pasar los años, Víctor Jara, / en el tiempo que viene / nadie recordará / al oscuro hombrecillo que ordenó que murieras / ni a los que dispararon contra ti: ya sus almas / se pudren o se queman, da lo mismo / porque el infierno es el olvido. / Pero tú cantarás, / cantarás para el día más alto y la memoria / y entonces sí, tu nombre / alumbrará una calle, una plaza de aldea / a la que irá mi madre / otra vez con sus flores y luciérnagas / y tú y yo como ayer / sabremos por qué cantas y tu voz / llena de nuevo el aire de palomas”.

Poeta también, Víctor Jara escribió poesía en el estadio que hoy lleva su nombre. Es evidente que su imagen evoca de inmediato al cantor y compositor. La sonrisa ancha es la música y su rostro sombrío es el golpe de estado. Los focos iluminan su música y las circunstancias de su muerte. En segundo plano, eclipsada por las otras facetas de un artista múltiple está el hombre de teatro, el que relaciona a los diversos personajes, caracteres y escenarios, de cara al público. Generalmente al personaje se le aísla en la construcción del mito y me parece aleccionadora la vocación de trabajo en equipo que denota Víctor Jara, quien fuera parte del Conjunto Cuncumén y de compañías de teatro donde su aporte producía sinergia con otros oficios. Así, la figura de Víctor Jara es evocadora de grandes talentos que siempre valdrá la pena recordar como parte de una época prodigiosa y de una comunidad artística e intelectual que compartía sueños y proyectos. Recordarlo en sus diversas facetas desmiente y fortalece su proceso de construcción del mito. Lo desmiente porque lo humaniza, acercándonos a su cotidianidad, a sus amigos, alejándolo de la estatua; lo fortalece, porque resulta que el personaje es más grande aún de lo que pensábamos.

Jorge Montealegre Iturra

Integrante del Directorio de la Fundación Víctor Jara

Septiembre de 2018.

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