A 30 años de Canto libre: Jornadas de Purificación del ex Estadio Chile

Una de las luchas de nuestra Fundación es recuperar el Estadio Víctor Jara para el pueblo y que el recinto -ubicado entre las calles Unión Latinoamericana y Bascuñán Guerrero en Santiago Centro- deje el abandono de décadas para transformarlo en un espacio de arte, de cultura y de expresión popular. Este esfuerzo comenzó hace tres décadas, cuando las puertas del ex Estadio Chile se abrieron para dejar entrar aire fresco y sanador. Se trata de “Canto libre. Jornadas de Purificación Estadio Chile”, un encuentro que se realizó el 5 y 6 de abril de 1991 reuniendo a centenares de artistas en escena y a miles de personas en las gradas para participar de un momento de unión de expresión artística, la memoria y la política.

Las Jornadas de Purificación fueron idea de Joan Jara y sus hijas, Manuela y Amanda. Para desarrollar la propuesta convocaron al actor y director de teatro Andrés Pérez y al bailarín y coreógrafo Patricio Bunster. La impronta de sus visiones artísticas se manifiesta en los registros que se conservan del acto: Vigilia de cantores a lo humano y lo divino, un rito mapuche de purificación, puesta en escena de danza y de escenas que remitían al exilio, al viaje, al dolor que miles de personas vivieron en el Estadio.

En su libro “Victor Jara, un canto inconcluso”, Joan Jara rememora:

“Fue un acto sublime de amor y solidaridad en el que tomaron parte muchos amigos, que desde fuera del país, lo habían apoyado económicamente; los artistas, que dieron lo mejor de sí mismos; y las seis mil personas que llenaron el estadio para asistir al evento”.

La trascendencia de “Canto libre” también es abordada en “Canto de las estrellas: Un homenaje a Víctor Jara” publicado por Moisés Chaparro, José Seves y David Spener. Especial atención tiene la participación de los poetas populares: “Con Gabriela Pizarro (destacada folclorista y alumna de Violeta Parra y Margot Loyola) nos reunimos con uno de los grupos de Rancagua, precisamente al que pertenecía Moisés (Chaparro), conformado por unos doce poetas. Ciertamente, el caso es inédito, porque cuando ellos participan de un velorio en el campo siguen -según nos cuenta Moisés-, normas muy estrictas. Convinieron en que debía haber un número de poetas igual al número de víctimas. Que cada poeta representaría a una víctima, contando acerca de su vida y cantando al martirio padecido por ella. Así, se decidió la participación de nueve poetas en correspondencia al número de víctimas que hasta entonces se conocía (posteriormente ese número creció)”.

El contexto en que se realizó el acto era el de un país que había vivido la esperanza de sacar al dictador, pero que ya comenzaba a vivir la decepción de un modelo de sociedad que no cambiaría y se mantendría por décadas. El ambiente, además, estaba caldeado por la muerte del UDI Jaime Guzmán. “Todo se hizo con la indiferencia del gobierno democrático recién elegido y de las instituciones y medios de comunicación. Era solo un hecho de pueblo y dependía únicamente de nosotros, los artistas populares”, agrega José Seves en el libro.

Pese a estas dificultades, la gente llegó, y por miles. Caminando por la Alameda con bailarines y músicos y llenando el Estadio: “Cuando el último poema de Víctor, inacabado, fue recitado públicamente por primera vez en aquel lugar, fue realmente como si el último grito de esperanza de Víctor hubiera visto luz”, dijo Joan en su relato para “Víctor un canto inconcluso”.

En el canal de Youtube Fundación Víctor Jara está disponible la cápsula que realizó el equipo de archivo acerca de las Jornadas de Purificación.

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