EL GALPÓN VÍCTOR JARA: SU LEGADO Y LA EXPRESIÓN DE LA CULTURA POPULAR

  • Durante una década, el Galpón Víctor Jara fue un punto de encuentro y creación. Su historia habla de su origen como espacio para los artistas chilenos, de obstáculos impuestos por las instituciones y el poder, pero sobre todo de la comunidad auto gestionando su desarrollo cultural desde su identidad.

Hasta antes del año 2002, Huérfanos 2146 era sólo la dirección de un estacionamiento, un terreno no construido. Esto cambia cuando la Fundación Víctor Jara arrienda dicho espacio por segunda vez a la Asociación Gremial de Dueños de Camiones de Santiago para construir allí un centro cultural que diera cabida a la cultura popular. Esa fue su historia desde el 28 de septiembre de 2002 hasta su clausura en junio de 2013.

La necesidad de generar espacios

La primera vez que la Fundación ocupa el espacio de Huérfanos 2146 fue el año 1991. Esa vez el estacionamiento fue arrendado durante algunos meses para transformarse en el lugar en cual cientos de artistas de diversas disciplinas, especialmente artistas plásticos, dieron vida a la concepción, diseño e implementación de “Canto Libre” encuentro que se realizó en el Estadio Chile, ahora Víctor Jara, en abril del mismo año. Según relata Manuela Bunster Turner, vicepresidenta de la Fundación Víctor Jara, en aquella ocasión la pequeña oficina desde la cual funcionaba la Fundación en el Centro de Danza Espiral quedaba chica para la creciente actividad multidisciplinar y de producción que surgía a partir de esta convocatoria.

Años después de este importante encuentro, durante la administración de Ricardo Lagos,  periodo en el cual se cambia el nombre al ex Estadio Chile por Estadio Víctor Jara, surge la idea desde Chile Deportes de entregar el Estadio Víctor Jara en comodato a la Fundación para la creación de un centro cultural.

Para ello, se solicita a la fundación la elaboración de un anteproyecto con fundamentos, objetivos y misión. Finalmente esta idea no prospera. La razón nunca fue comunicada a la Fundación, convirtiéndose así en una más de aquellas ideas surgidas desde la  institucionalidad  que no prosperan.

Frente a este escenario es que Joan Jara, presidenta de la Fundación Víctor Jara, decide arrendar los espacios ubicados en Huérfanos 2136 y 2146 para el funcionamiento de la casa madre de la Fundación Víctor Jara y de construir lo que sería el Galpón Víctor Jara, respectivamente.

Así la fundación, con una gran inversión proveniente de los derechos de autor de la obra de Víctor, opción de la sucesión Víctor Jara; el  aporte de Emma Thompson, actriz británica y amiga de la fundación, y el trabajo de numerosos artistas y organizaciones del país, transforma ese antiguo estacionamiento en uno de los núcleos artísticos y de encuentro social más importantes de Santiago.

Asimismo, se firmó un convenio con Chiledeportes posterior a la no concreción del comodato del estadio a la fundación. Este consistía en la entrega de doce fechas para el uso del estadio para la producción de encuentros musicales bajo el patrocinio de la fundación. Esto permitía a la Fundación bajar los costos a los grupos que lo utilizaban. Además, generaba un aporte para paliar los altos costos en arriendo y sus gastos operacionales. Sin embargo, con la clausura definitiva del Estadio Víctor Jara el año 2009 este ingreso cesó, dejando a la Fundación y su funcionamiento administrativo completamente dependiente de la actividad que generaba el Galpón Víctor Jara.

La misión y el impacto del Galpón

La creación del galpón concretó la misión que la fundación se había planteado desde su origen en 1993: “estimular y apoyar el trabajo creativo de los jóvenes artistas, especialmente de aquellos cuya extracción social, como la de Víctor, limita sus oportunidades de estudio y de difusión de su trabajo”

Respecto a por qué surge este objetivo, Joan Jara comenta que en el contexto de postdictadura no se generó el desarrollo cultural que muchos pronosticaban y la carencia de espacios para los artistas nacionales seguía siendo una deuda.

“Después de que se retiró… no se fue, pero se retiró, Pinochet, uno esperaba una especie de explosión de actividad de los artistas chilenos, pero extrañamente eso no pasó. Chile había estado cerrado para la gran mayoría de los artistas extranjeros y cuando se fue Pinochet, los artistas chilenos se encontraron en una situación muy difícil. Empezaron a llegar todos los grandes artistas internacionales, con plata para presentarse en el Estadio Nacional; mientras que a los artistas chilenos les faltaban lugares para actuar… así de simple, pero medio trágico”, sostuvo Joan.

Haciéndose cargo de esa necesidad, el Galpón Víctor Jara logró congregar a organizaciones sociales y artistas de variadas disciplinas, convirtiéndose así en un foco de cultura en Santiago. Manuela Bunster reconoce que con el tiempo este espacio cambió su perfil y al convertirse en un lugar que respondía a las necesidades de muchas bandas, la música se tomó el galpón y otras expresiones artísticas fueron perdiendo terrero en su programación.

Este alto nivel de actividad no vino solamente acompañado una gran respuesta desde la comunidad, sino también de dificultades. Durante sus diez años de funcionamiento, el galpón fue cerrado 8 veces. La primeras clausuras fueron el año 2008, argumentando que debía darse cumplimiento de las exigencias establecidas por la Dirección de Obras Municipales. Al año siguiente y el 2010 se clausura por el mismo motivo, a pesar de que desde la fundación se le dio respuesta de cada uno de dichos requerimientos.  El 2011 se caduca su patente de alcoholes por las quejas de los vecinos en la caseta de informaciones ubicadas en la Plaza Brasil; sin embargo, esas denuncias  nunca pudieron ser constatadas.

El año 2013, luego de la demanda interpuesta por cinco vecinos del sector plaza Brasil  liderados por uno con una particular aversión a la cultura popular, el Galpón fue cerrado definitivamente. El argumento en esta ocasión fue que el galpón no contaba con la recepción final de obras, situación en la que se encuentran otros lugares en funcionamiento como el Polideportivo del Estadio Nacional o el Centro Cultural Gabriela Mistral.

Esta clausura dictaminada por la Corte Suprema en julio de ese año, no sólo terminó con el galpón, sino que también puso inevitablemente un freno a la programación y actividades de la Fundación. Esta situación generó un nuevo problema. A pesar de no poder generar ingresos debido a la clausura, la fundación continuó pagando el arriendo a la asociación de dueños de camiones por el espacio durante nueve meses más. Al mismo tiempo se buscaron alternativas para la reapertura, mediante conversaciones con diferentes departamentos de la municipalidad de Santiago para cumplir con las exigencias, diálogos que finalmente no llegaron a puerto.

El juicio con los arrendadores del espacio

Con el galpón aún clausurado y por lo tanto, sin la fuente de autofinanciamiento disponible, fue insostenible para la fundación seguir pagando el arriendo del espacio. Se buscó llegar a un diálogo con la Asociación Gremial de Dueños de Camiones de Santiago, arrendadores del sitio donde se construyó el Galpón, para resolver dicho tema. Sin embargo, esos intentos fueron infructuosos y la asociación demandó a la Fundación Víctor Jara enero del año 2015.

“Encontramos la notificación de la demanda contra la Fundación Víctor Jara, asomada debajo de la puerta, en un sobre mojado y arrugado, a mediados de febrero. Ya estábamos atrasados para presentarnos. Quisimos defendernos argumentando que la fundación nunca funcionó en febrero, nunca. Fue casualidad que un día Manuela  pasara a revisar que todo estuviese bien y encontrara este sobre y ahí supimos que habíamos sido demandados y que ya no teníamos ninguna posibilidad de defendernos por estar fuera de plazo” señaló Amanda Jara Turner, secretaria de la Fundación Víctor Jara.

El año 2015 se realizó el juicio, resultando desfavorable para la fundación en todas sus etapas. Esto a pesar de que la inversión realizada por la Fundación tasada en alrededor de  90 millones y la demanda interpuesta por los arrendadores era por una deuda acumulada durante el proceso de cerca de 38 millones. Cabe destacar que durante el proceso, la asociación de dueños de camiones negó tener interés en la inversión realizada por la Fundación Víctor Jara.

Debido a esta situación, la Fundación debió retirar todo su material del galpón, incluido el Archivo Patrimonial de Víctor Jara. Finaliza un periodo importante no sólo para la fundación, sino también para todas las agrupaciones, los artistas y el público que hicieron propio este centro cultural.

A comienzo del año 2016 termina dicho conflicto legal. La Fundación y la Asociación Gremial de Dueños de Camiones de Santiago, llegaron a un avenimiento luego de casi un año de la demanda impuesta por la asociación por incumplimiento del contrato de arriendo del espacio. Este avenimiento significó el pago de 25 millones de pesos por parte de la fundación y renunciar a todas las mejoras realizadas. El pago de esta millonaria deuda se logra gracias a las diversas gestiones que Joan realiza en el intento de salvar el galpón después de su clausura. Es en ese momento que la fundación obtiene esta generosa suma por parte de un solidario músico británico.

El legado

El último hito de este importante vínculo entre la Fundación y el Galpón es el relato que recoge el documental «Galpón Víctor Jara, Historia de una Contumaz Actitud de Rebeldía» realizado por el colectivo Malas Juntas, cuyo preestreno se realizó el jueves 12 de mayo.

Se cerró así un ciclo fructífero donde el galpón fue mucho más que un centro cultural y se transformó en un referente de participación y encuentro.

El corolario de este proceso vivido por la Fundación lo da Marcelo Nilo, miembro del directorio de la Fundación, quien reflexiona y plantea que, “los años de persecución política y administrativa que concluyeron finalmente con el cierre del Galpón Víctor Jara, al menos dieron cuenta que este proyecto no fue iniciativa artístico social que pasó desapercibida para la sociedad. Hoy con tranquilidad queremos contar que nos sentimos satisfechos de haber aportado con un espacio de encuentro durante diez años, donde muchas, muchos… y muches forjaron sentidos y valores de vida, que estamos seguros serán replicados por ellos en todos los lugares donde sus trabajos sean requeridos. Por último declarar que, con la misma convicción de siempre, estamos trabajando en nuevos proyectos, que tal como el Galpón Víctor Jara, aporten a la construcción de un imaginario distinto al que actualmente está instalado en el país, fieles al legado y al espíritu de Víctor”.

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