ENCUENTROS CERCANOS con un capítulo dedicado a dos causas imprescindibles: la del pueblo Mapuche y la declaración de Pisagua como Sitio de Memoria

En el segundo episodio del nuevo ciclo de ENCUENTROS CERCANOS participaron el MC Mapuche, Waikil, y la integrante de la Mesa de DD.HH. de Tarapacá, Karina Olmos Torres, quien habló del trabajo en el ex Campo de Exterminio y de Prisioneros de Pisagua. El diálogo convocó a cientos de personas a través de las plataformas de Fundación Víctor Jara, en Facebook y YouTube.

El anfitrión del programa, Cristián Galaz, presentó a Jaime Cuyanao Venegas, el nombre de Waikil, quien es descendiente de padre y madre mapuche (Santiago Cuyanao Marilef e Ida Venegas Huiaquil) y de origen territorial Mapuche, Vilcun y Traiguen. Se crió en Santiago, con su mamá trabajando en la capital y viajando todos los veranos al sur para ver a sus familiares. Por eso tiene una mirada muy clara acerca de los procesos vividos por su pueblo: “Esta ciudad de Santiago responde al proceso político que ha vivido el pueblo Mapuche, que tiene que ver con migración a la ciudad, con el despojo de tierras. En Santiago se concentra la mayor cantidad de pueblo Mapuche y han levantado espacios en la periferia, porque el Mapuche no llegó a las zonas acomodadas, llegó a la periferia y fueron participando en tomas de terreno” y agrega: “La gente vivió dos despojos: el de la pacificación y el de la dictadura militar. Llegaron a Santiago con el objetivo de trabajar más que nada, y ahí se fue ocultando nuestra cultura de manera medio forzada, porque reivindicarse como Mapuche era un sinónimo ser comunista y ser comunista era símbolo de muerte (…) Mucha gente Mapuche empezó a trabajar en espacios muy ocultos, como obrero, asesora del hogar, panadero. Dentro de ese proceso histórico renacen estas expresiones… hacer rap y cumbia con un pensamiento que apunta hacia nuestra cultura”, expresó apelando a los géneros que mezcla en su música. Y comentó sobre su acercamiento a Víctor Jara:

“Para mí es una persona tan creativa, que estaba buscando siempre estilos nuevos, canciones nuevas, que refleja nuestra búsqueda musical: con 4 instrumentos, más los instrumentos Mapuche, vamos haciendo distintas melodías, distintos acordes (…) Buscamos dejar ese legado musical, que trascienda nuestro proyecto”.

Dentro de su propuesta artística, Waikil ha tomado el rap como una herramienta de comunicación, de lucha y de sobrevivencia del Mapudungún. Sus temas son mitad en español y mitad en su lengua. “Nuestra escritura mapuche era el telar, ahí se manejaba el conocimiento, en el textil. Hoy en día se está reivindicando con varios peñi, académicos, historiadores, poetas, periodistas, quienes están sacando libros donde se reflexiona sobre la historia Mapuche, porque en los libros de historia se acaba Leftraro y se termina la historia mapuche. En los colegios nos siguen viendo como el ‘bárbaro’, el ‘salvaje’, el ‘aborigen’. Lamentablemente para cierta clase somos los ‘terroristas’. Como antes nos apuntaron con el lápiz, hoy nos apuntan con las balas”.

Contó Waikil que alguna vez le preguntaron ¿Específicamente dónde está el Wallmapu? Y su respuesta es:

“El Wallmapu comienza con los nombres, con la toponimia: Vitacura, Renca, Quilicura, Peñalolén y así bajando hacia el sur: Rancagua, Curicó, Talca, todos tienen su nombre Mapuche. Esa reivindicación y aprender el Mapudungun nos lleva a reflexionar donde estamos geográficamente”

Galaz llevó la conversación hacia la identificación con la causa Mapuche que se ha visto desde la revuelta popular del 18 de octubre: “Gran parte de nuestra sociedad chilena adhiere a la causa Mapuche absolutamente, se ha notado en las calles con la presencia de muchos más banderas Mapuche que chilenas. Eso nos llenó de cierto orgullo, fue decir ‘esto nos convoca’”.

Waikil relató su experiencia durante la revuelta popular: “Iba en viaje al sur el 18, no caché todo hasta el día siguiente, cuando llegué a Temuco. En esa instancia compartí con mi hija de 4 años; ella me emocionó mucho por el susto que tuvo. Me preguntaba: ‘vamos a morir, nos van a matar?’ Le dije que no. Los niños siempre tienen una visión sana de ver las cosas, yo nunca he inculcado en ella ningún odio. Ella se cría disfrutando su infancia. Me dio mucha rabia lo que mostraban y la gente viendo la represión y cuestionándose: ‘esto lo que pasa en el sur, en el Wallmapu’. Y decir ‘sí, hermano, esto es lo que pasa y sigue pasando’. Desde cierto círculo ven a lo Mapuche como un souvenir, pero cuando la gente reivindica sus derechos, ser partícipe, todo se pone en un pare. En este caso se vio reflejado con los presos políticos Mapuche exigiendo el convenio 169”.

Al espacio se sumó la arqueóloga Karina Olmos Torres, quien desde el año 2017 es integrante permanente de la Mesa Técnica de la Corporación Ex Presos de Pisagua, espacio que promueve y difunde temáticas vinculadas a derechos humanos en la Región de Tarapacá. Su padre, Olaff Olmos, fue un reconocido arqueólogo, clave en la identificación de restos de ejecutados políticos en distintos lugares del país, recordado especialmente por su labor en Pisagua:

“Tenemos un vínculo con Pisagua muy fuerte, que va ligado a la historia familiar, pues mi padre fue uno de los arqueólogos que excavó las fosas, a la convicción política y como disciplina profesional, por el compromiso con la reconstrucción del pasado y en este caso de un pasado violento” , explicó Karina Olmos.

La arqueóloga comentó la labor de la Mesa de DD.HH. de Tarapacá: “Comenzamos a trabajar y rescatamos los testimonios de quienes estuvieron en el campo de concentración. Es necesario para que nunca más se repitan estos hechos y ahí nos fuimos involucrando con la Unidad (de Memoria y DD.HH. de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes)”. Dentro de los proyectos colaborativos que han desarrollado está una memoriografía que captura en un gran mapa los sitios donde se violaron los DD.HH. Este plano, junto con los testimonios de quienes estuvieron detenidos en estos lugares, será incluido en un libro, “Lugares y sitios. Memorias de un pasado negado”.

“Es una labor que ha llevado tiempo, Uno de los avances fue que el Estado el año pasado comprara la ex cárcel, pero la gran disyuntiva el tema es quién se hace cargo. Pisagua es denominado como Sitio de Memoria, pero no tiene una declaratoria como tal; es un monumento histórico, que es distinto”, argumentó Karina Olmos. Finalmente comentó que la labor de la Mesa de DD.HH. en Tarapacá tiene como uno de sus mayores desafíos: “Empezar a ejecutar la memoria y la postmemoria, que son las nuevas generaciones. Es decir, realizar este ejercicio para traspasar a las memorias y entrar con gente nueva para que se familiaricen con lo que pasó y con los testimonios de quienes estuvieron ahí y que se produzca este encuentro entre estas dos memorias”.

Revisa el capítulo completo aquí:

Por Soledad Gutiérrez López.

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