Fernando García: “No necesitas haber conocido a Víctor para saber que era un tipo de gran creatividad”

A Víctor Jara y Fernando García no sólo los unió la música, sino también que ambos entendían el arte como un elemento transformador y necesario en los movimientos sociales. Y aunque el primero venía desde la música folclórica y popular, y el segundo desde la música docta o de tradición escrita, ambos se encontraban en la Facultad de Artes de la Universidad, en las giras con el Ballet popular y también acarreando sacos de harina en la huelga de los camioneros durante el gobierno de Salvador Allende.

Fernando García, compositor, musicólogo, Premio Nacional de Música y una de las figuras más importantes de la música chilena, es actualmente parte del directorio de la Fundación Víctor Jara, desde donde contribuye a la preservación del legado de su colega y amigo. Hoy, en su departamento frente al Parque Forestal, lleno libros de música, conversa sobre esa herencia y las vivencias junto a Víctor Jara.

– Fernando, ¿cómo conoció a Víctor Jara?

-“Bueno, los dos estábamos grandecitos ya cuando nos conocimos. Yo conocí a Víctor en la casa de un médico amigo, que se llamaba Alejandro Reyes. Alejandro fue integrante del Cuncumén. En ese instante no tuvimos tanto que ver con Víctor, porque en ese tiempo él estaba estudiando teatro, a pesar de que yo trabajaba en el Coro de la Universidad de Chile y de que Víctor militaba en las Juventudes Comunistas también”.

– ¿Cómo lo describiría?

– “Víctor era un ser totalmente normal. Y te digo tan normal que recuerdo en una ocasión, para el paro de los camioneros (ríe), nos encontramos con Víctor acarreando sacos de harina. ¿Qué tenía que ver eso con los cantos de Víctor?, nada, ¿qué tenía que ver eso con mi enseñanza en el conservatorio?, nada. Éramos seres normales. Él era un hombre de tremendo talento y gran imaginación. Tú no necesitas haber conocido a Víctor para saber que era un tipo de gran creatividad, basta con su música, porque inventó una cantidad increíble. Justamente ayer me entregaron el libro de la Obra Musical Completa de Víctor. Yo quedé sorprendido, no lo había visto nunca y eso que esta es la tercera edición. Setenta y siete obras de don Víctor Jara… una imaginación infinita”, enfatizó.

– ¿Y qué elementos del teatro cree usted que Víctor llevaba a la música?

“Todo. Víctor aprovechaba todo lo que tenía para aprovechar, además tenía un tremendo ojo, se daba cuenta exactamente lo que tenía que hacer. Podrías hablar con Eduardo Carrasco, él tiene toda la experiencia de lo que Víctor hizo en el Quilapayún, él los hizo. Era un director de teatro con gran imaginación”.

Luego del golpe militar, Fernando García, su esposa, la destacada bailarina y coreógrafa Hilda Riveros, y sus dos hijos, vivieron el exilio en Perú y posteriormente en Cuba. Es en este primer país donde García crea “Las raíces de la ira (En recuerdo de Víctor Jara)”, composición inspirada en el asesinato de Víctor y pensada para el director Leopoldo La Rosa. Esta pieza fue presentada por primera vez el año 2013 por la Orquesta Sinfónica de Chile y lo hizo ganador de un Altazor 2014 en la categoría de género docto.

En cuanto comenzamos a hablar de esa importante obra, Fernando García se para de la mesa a buscar un documento. Es una guía de muchísimas hojas. En ella están los nombres y una breve descripción de sus numerosas composiciones composiciones. La comienza a hojear rápidamente y muy concentrado busca el año 1976.

– ¿Cómo fue la creación de “Las raíces de la ira”?

“Eso se lo dediqué a Leopoldo La Rosa, que era el director de la orquesta de allá, de Lima. Y nunca lo dirigió Leopoldo, entonces nunca se tocó esto. Esta pieza tiene un epígrafe del poeta César Vallejo: ‘Hay golpes en la vida, tan fuertes ¡yo no sé!’ (…) Obviamente tú entenderás que a todos nosotros, cada uno de estos muertos era un tema complicado. Entonces yo escribí varias cuestiones en el exilio respecto a todo lo que ocurrió aquí, en la República de Chile, porque uno siente la necesidad de hacerlo y llegó el instante en que se me ocurrió escribir sobre este poema de César Vallejo. Entonces me armé de valor y escribí esta obra, que es para una orquesta grande. Ahora estas cosas que uno escribe para personajes amigos, no pretenden ser biografías, ni cosas por el estilo, sino que son simplemente sensaciones que uno tiene, ganas de decir cosas y hacer sonidos”.

– Para finalizar, ¿alguna anécdota especial que recuerde con Víctor?

“Anécdota… no recuerdo nada divertido, todo era en serio (ríe). Recuerdo lo que tenía que ver con el ballet, con la danza, porque Hilda hizo una coreografía con un tema de Víctor que bailaban siempre. Resulta que con la Joan inventaron unas compañías de danza e iban por todas partes… el Ballet Popular, y recuerdo que una vez Víctor fue con el ballet a Peñaflor, nosotros vivíamos en Peñaflor. Hilda bailó ahí, creo que fue para una campaña política de Volodia Teitelboim. Ahí partíamos nosotros a aplaudir».

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