“Los ojos de Chile”, la fundación que ayuda a los cientos de heridos en las protestas

A pocos días del inicio de la revuelta social, un grupo de profesionales, colaboradores, voluntarios se unieron para crear un equipo multidisciplinario que dio origen a la fundación de Los Ojos de Chile, dedicada la atención y protección de las personas agredidas por el Estado desde el 18 de octubre con resultado de trauma ocular.

Las personas agredidas han tenido solo contados apoyos públicos, en que destaca la Unidad de trauma ocular del Hospital Salvador, el recinto de mayor especialización en oftalmología del país. El director de Los Ojos de Chile, Matías Vallejos, también menciona al INDH y las comisiones de Derechos Humanos de la Cámara baja y del Senado. Además hay “una vasta red de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones populares y colectivos artísticos” que ha contribuido, como relata Vallejos.

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“Algunos ataques responden a la represión indiscriminada a la protesta social por parte del Estado, mientras que otros fueron incluso en contextos ajenos a cualquier tipo de movilización. Las agresiones, en gran mayoría fueron por Carabineros, aunque hay casos en los cuales estuvieron involucrados también las Fuerzas Armadas”.

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Una de las principales dificultades es contactar con profesionales que realicen labores específicas para casos como las prótesis oculares. Esta disciplina, que mezcla medicina con una labor casi artística al pintar el iris del ojo para asemejarlo lo más posible a su par, es desarrollada en muy pocos espacios, teniendo en el equipo de Maxilofacial del Hospital Clínico de la Universidad de Chile uno de los pocos los centros dedicados a esta labor. “Hemos podido contactar con algunos equipos e incluso profesionales del extranjero mediante la red de voluntades y organizaciones que hemos podido entramar”, explica.

El director de Los Ojos de Chile define el perfil de quiénes han acudido a la Fundación: personas de 16 a 60 años de casi todo el país – desde la región de Tarapacá hasta Los Lagos- con alta concentración en la Región Metropolitana y Valparaíso. Mayoritariamente son hombres jóvenes. Y respecto a las circunstancias en que ocurrieron estos ataques, Vallejos expresa: “Algunos ataques responden a la represión indiscriminada a la protesta social por parte del Estado, mientras que otros fueron incluso en contextos ajenos a cualquier tipo de movilización. Las agresiones, en gran mayoría fueron por Carabineros, aunque hay casos en los cuales estuvieron involucrados también las Fuerzas Armadas”.

El destino judicial de los casos también es incierto: Existen 411 denuncias por lesiones oculares por violencia estatal según la Fiscalía, pero solo algunas se transformaron en causas y menos aún son las que están abiertas y activas. “Hasta el momento no existe ninguna condena penal o civil por lesiones oculares. De hecho, a la fecha solo existe una sentencia por violencia institucional: homicidio frustrado en Rancagua, un disparo de lacrimógena a menos de 15 metros en la nuca de una persona que transitaba en el lugar. El carabinero involucrado fue dado de baja, pero no fue condenado a la cárcel, sino a cumplir su pena en libertad” es el reporte de Matías Vallejos. El trabajo de la organización que dirige se refleja en su web www.losojosdechile.cl y en sus RRSS, donde documentan casos de ataques que dejaron a cientos de personas con visión parcial y los emblemáticos ejemplos de Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, ciegos tras la revuelta.

Las agresiones no son contra una persona. Todo su entorno familiar, afectivo y laboral se ve afectado. “Hay que considerar que un atropello a los Derechos Humanos tiene repercusiones en todas las dimensiones de lo humano y lo social, por eso todas las formas de apoyo del entorno más cercano son fundamentales y en la gran mayoría de los casos están muy presentes. Muchas personas luego de su ataque no pueden volver a desempeñar las labores que realizaban antes y el entorno más cercano es esencial en la forzada reinvención laboral. Además, las secuelas físicas tienen repercusiones muy profundas en la autoestima, imagen y estado anímico de las personas lesionadas, con cuadros que van desde la agorafobia, la depresión y el estrés post traumático, por lo que los afectos de las personas más cercanas es imprescindible”.

Los Ojos de Chile realiza acompañamiento y rehabilitación en un proceso que puede continuar por años, pues quien tiene visión monocular tiene secuelas en sus movimientos y sentidos como el equilibrio.  Matías Vallejos enfatiza que están enfocados en ayudar: “Si conocen a alguien que haya sufrido trauma ocular como resultado de violencia estatal, les pedimos que le hablen de nuestra fundación. Somos una organización sin fines de lucro que está para ayudarles”. Además, en su web reciben aportes, propuestas para desarrollar actividades, o transformarse en voluntarias o voluntarios.

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