Nelson Villagra: “La presencia de Víctor en la revuelta popular de hoy es herencia de la consecuencia de vida que tuvo”

El gran actor chileno rememora su amistad con Víctor Jara a quien conoció a fines de los años 50. Recogieron colillas de cigarros, soñaron en el Cerro Santa Lucía y se consagraron como talentos únicos en la cultura nacional.


Episodios en la vida de Víctor Jara recordados por uno de sus mejores amigos, el que lo conoció antes de que tuviera su propia guitarra, mientras construía sus sueños para trabajar en la cultura, y que lo vio en su crecimiento y consolidación en el teatro y la música. Acá, desde Canadá, Nelson Villagra relata de primera fuente estos instantes.

La primera obra: “Nos conocimos en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Víctor llegó cuando yo estaba en el segundo año. En esos tiempos los alumnos participábamos en pequeños roles o como comparsa en las puestas en escena que hacía el Teatro Experimental. La primera obra en que nos conocimos fue ‘Fuerte Bulnes’ de María Asunción Requena. Interpretábamos a colonos del fuerte y a Víctor le tocó ser indígena”.

Pan negro y un litro de leche: “Empezamos a conversar con Víctor y nos enteramos de que ambos tocábamos la guitarra y teníamos vínculos con el campo. Decidimos juntarnos un día luego de las clases e irnos a conversar al cerro Santa Lucía. Juntamos unos pesos y nos compramos un pan negro y un litro de leche y nos sentamos en algún lugar del cerro arriba y comenzamos a conversar”.

La tocata: “Un día lo invité a la pensión donde yo vivía, una pensión muy modesta por ahí por la Avenida Matta y Víctor llevó una guitarra para mostrarme canciones. La gente de la pensión comenzó a escuchar a alguien que tocaba muy bien, porque Víctor ya en esos tiempos era un excelente guitarrista y cantante. Tocó algo de Atahualpa Yupanqui creo, porque le gustaba mucho. Evidentemente la gente empezó a acercarse, a abrir la puerta del salón de la pensión”.

Las colillas: “Seguimos todos los días juntándonos con Víctor en el cerro Santa Lucía y ahí arreglábamos el mundo. Acostumbrábamos a ir a comer a la pensión, porque los dos estábamos muy mal de dinero. Y solíamos recoger colillas de cigarrillos para fumar. En el foyer de los cines golpeábamos los cristales llamando al hombre que lo cuidaba y le pedíamos entrar un poquito a los ceniceros; recogíamos a veces unas colillas preciosas, incluso de cigarrillos extranjeros, en ese tiempo el Pall Mall o Chesterfield y fumábamos. Éramos expertos en no tocar la colilla, sino que con los dedos fumábamos”.

Vacaciones en el campo: “A finales de 1956, con un interés folclórico, invité a Víctor a que fuéramos en las vacaciones de verano a conocer la zona de El Carmen en Ñuble. Y partimos en enero del 57, Víctor con la idea de ir a hacer investigación folclórica. Todo ese verano anduvo con ‘El Ratón’, un hombre de la zona, trilla tras trilla donde siempre había cantoras, cuecas y fiestas con asado y vino. Víctor gozó de todo eso y aprendió muchísimo y solía ir de tarde en tarde a la casa a cambiarse ropa (…) Cuando llegamos a Santiago, llegamos convertidos en dos campesinos”.

La guitarra de la Casa Amarilla: “Un día Víctor me llega contando que se había encontrado con una amiga, que parece que había conocido en el Cuncumén, que era profesora o directora de un colegio, y le había ofrecido comprarle una guitarra. Y Víctor me dijo ‘comprenderás que yo le dije que no, porque imposible. Me sentí mal cuando me lo ofreció’. Y yo le dije ‘no, cómo se te ocurre, tienes que decirle que sí. Vamos juntos’. Y finalmente Víctor se atrevió, nos juntamos un día con esta señora y fuimos a la Casa Amarilla en la calle San Diego. Víctor probó varias guitarras y al final encontró una. Es un momento que, incluso ahora mismo recordándolo, me vuelve a emocionar. A Víctor se le salieron las lágrimas mientras pulsaba la guitarra… Era una preciosa guitarra. Los tres estábamos muy emocionados la verdad”.

El proyecto de dúo: “Cuando volvimos de un segundo veraneo intentamos darle vida a nuestro dúo musical que se llamaría ‘Los peones de tierra larga’. Grabamos unas canciones en un estudio que tenía un alemán de la RDA, en la calle Londres. Siempre he pensado si ese mismo edificio no fue el que sirvió posteriormente como la casa del terror… Pero, en fin, ahí grabamos esas canciones”.

Joan y la guerra: “Me fui a Concepción cuando terminé la escuela de teatro. Y estaba en un grupo que no funcionó, cuando Víctor apareció en casa y me ofreció, de parte del Teatro Nacional, un contrato para el año como actor invitado y dirigirme él en una obra que sería ‘Viet Rock’. Víctor en ese tiempo ya estaba influenciado por Joan, con la onda física, digamos, de la importancia física del actor o de la kinésica. ‘Viet Rock’ era una denuncia de la Guerra de Vietnam. Eran metáforas sobre la Guerra. Yo hacía un sargento norteamericano que disciplinaba a mis soldados. Nos preparó físicamente Joan. Joan Turner en ese momento todavía, la futura Joan Jara. Una preparación increíble porque hasta el día de hoy empleo varios ejercicios de los que enseñaba Joan… Los hago más suaves hoy. Pero aquello fue magnifico, nos dejó como resortes. Como era una obra de la denuncia de la violencia que genera la guerra, y una guerra tan inútil y estúpida como fue aquella de Vietnam, Víctor exigía precisamente que pudiéramos comunicar esa espantosa violencia y su inutilidad”.

______________________________________________________________________________________________

Es una preciosa canción (Plegaria a un Labrador) en que él eleva a ese trabajador a una instancia de verdadero héroe. Esos son los héroes que Víctor supo resaltar. Destacar la capacidad de ternura que tiene nuestro pueblo en ‘Te recuerdo Amanda’. Son cosas de una profundidad emocional que cualquiera que la escuche siente que eso es el ser humano, que eso somos los seres humanos. No el que anda tratando de pisotear o ignorar al otro. Otra canción hermosa es ‘El cigarrito’… Es incalculable el aporte cultural, sentimental, emocional que hizo Víctor a la lucha social y a la condición humana de nuestro pueblo”.

______________________________________________________________________________________________

Los recuerdos saltan al presente: “La presencia de Víctor en la revuelta popular de hoy es herencia de la consecuencia de vida que tuvo. Es el típico hombre que vivió consecuentemente. Así como hay otra gente que vive con su fe, hay también gente que vive con sus convicciones que son tan válidas como otras”.

Canción por canción: “Es una cosa tan absurda que se pretenda mantener un sistema, que es contra el que reclamaba gente como Víctor. Siempre, a través de sus canciones, alegó contra la injusticia y, a la vez, alabó y elogió a esas personas que trabajaban como en ‘Plegaria a un labrador’. Es una preciosa canción en que él eleva a ese trabajador a una instancia de verdadero héroe. Esos son los héroes que Víctor supo resaltar. Destacar la capacidad de ternura que tiene nuestro pueblo en ‘Te recuerdo Amanda’. Son cosas de una profundidad emocional que cualquiera que la escuche siente que eso es el ser humano, que eso somos los seres humanos. No el que anda tratando de pisotear o ignorar al otro. Otra canción hermosa es ‘El cigarrito’… Es incalculable el aporte cultural, sentimental, emocional que hizo Víctor a la lucha social y a la condición humana de nuestro pueblo”.

El estadio y la verdadera democracia: “Creo que el estadio de Víctor Jara debe ser transformado verdaderamente en un monumento nacional para que se sepa que allí murieron muchas gentes que dieron su vida por un ideal y una sociedad más justa. Tan sencillo como eso. Estamos en un período tan oscuro de nuestro país que verdaderamente hay veces que yo evito leer noticias de Chile, porque son tales los horrores que se siguen viviendo que yo digo que eso no puedo llamarse democracia. Eso no es democracia. Estoy hablando desde Quebec:  Aquí no somos socialistas, ni comunistas, ni marxistas, todos esos fantasmas horribles que tienen las derechas internacionales; pero tenemos salud gratuita, la educación está facilitada por todos lados, una serie de regalías sociales y somos un país capitalista, si se quiere nombrar por las nomenclaturas clásicas. Sin embargo, se ha repartido. Eso es lo que tenemos que hacer: derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, en fin, a las cosas básicas. Cómo nos vamos a llamar democracia si no tenemos esas cosas”.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *