Una vida marcada por su pasión por la danza y la enseñanza, luego vino el intenso amor por Victor Jara, quien fuera su esposo, y le fuera arrebatado tras ser asesinado por oficiales del Ejército tras el Golpe de Estado de 1973 en Chile. Una tragedia que impulsó a Joan Turner a denunciar, por distintos países, la masacre liderada por la dictadura y a exigir justicia por el asesinato de su compañero, acogiendo su apellido y renombrándose como Joan Jara.
Un 20 de julio de 1927 nació Joan Alison Turner Roberts. Creció en Londres y fue la menor de siete hermanos. Su padre Samuel Turner, de clase trabajadora, y su madre Sarah Roberts, participó en el movimiento de las sufragistas que exigían el voto femenino en Inglaterra. Tuvo una niñez y adolescencia marcada por la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), siendo una de las tantas niñas que tuvo que vivir en zonas rurales alejada de su familia para poder resguardarse de los bombardeos aéreos y evitar la muerte. La timidez era algo que la caracterizaba, pero desde que era niña practicó danza. Cuando bailaba se “sentía realmente libre, feliz y en pie de igualdad”, de acuerdo a sus propias palabras consignadas en el libro “Victor, un canto inconcluso”.

Joan bailando en 1938
A los 17 años fue llevada por su madre al Haymarket Theatre para ver la obra “La mesa verde” de la compañía de danza Ballets Jooss. Una coreografía que la marcó y fue la señal para dedicarse a la danza, proponiéndose unirse al Ballets Jooss para interpretar a La Guerrillera, personaje que la conmovió profundamente en la obra.
Al finalizar sus estudios en North London Collegiate School abandonó la idea de estudiar Historia —renunció a una beca— en la Universidad de Londres y escogió la danza como su vocación.
En 1947 ingresó a la Escuela de Danza de Sigurd Leeder en Londres, egresando como una estudiante destacada. En 1951 dejó Inglaterra y se unió a la compañía de Ballets Jooss liderada por el coreógrafo alemán Kurt Jooss en Essen, Alemania. Al año siguiente, logró personificar el rol de La Guerrillera de la obra “La mesa verde”.
En 1953 se casó con el bailarín chileno Patricio Bunster, a quien conoció en su estancia en el Ballets Jooss. En marzo de 1954, él retornó a Chile tras el cierre de dicha compañía de danza, mientras que Joan lo hizo en julio de ese año. Un viaje que realizó en barco y donde no perdió momento para seguir ejercitándose practicando en la barra. Al poco tiempo, tanto ella como Patricio, se unieron al Ballet Nacional Chileno y a su vez, Joan comenzó a dar clases de expresión corporal para actores en la Universidad de Chile.

Nora Arriagada, Adriana Torres y Joan Turner; ballet «Coppelia» (1956). Foto: Domingo Ulloa
En 1956 conoció a Victor Jara al hacerle clases de expresión corporal en la carrera de teatro en la Universidad de Chile, pero es en 1960, tras haber dado a luz a su hija Manuela y haberse separado de Patricio Bunster, que surgió el amor entre ambos. Victor, años atrás, se había enamorado de Joan tras verla bailar como la Mujer de Rojo en “Carmina Burana”, mientras que Joan se terminó de enamorar de Victor al escucharlo cantar en una de las citas que tuvieron en la Primavera de 1960. “Su canto puso fin a mi resistencia”, afirmó Joan en su libro “Victor, un canto inconcluso”.
En 1964, meses antes de que naciera su hija Amanda —en común con Victor—, Joan se retiró del Ballet Nacional Chileno, ya que “disentía de la dirección artística del ballet”. En paralelo, junto a su amigo Alfonso Unanue organizaron un centro de danza para aficionados en la Casa de la Cultura de Ñuñoa. En ese momento comprendió el potencial de la danza como actividad recreativa. Dos años después, dejó su trabajo en la escuela profesional de la universidad para dedicarse completamente en este nuevo desafío. En 1967, se trasladaron al Instituto Cultural de Las Condes, dando paso, en 1969, al Taller de Danza de Las Condes.

Manuela, Amanda, Joan y Victor
Sin embargo, poco tiempo después, el taller perdió financiamiento municipal y comenzaron a ensayar en el Departamento de Danza de la U. de Chile, cambiando su nombre a Ballet Popular, el que tenía como objetivo sacar a la danza de espacios convencionales y llevarla a la comunidad con espectáculos públicos.
En 1970 el Ballet Popular se unió a la campaña presidencial de Salvador Allende y se sumó al Tren Popular de la Cultura, iniciativa que buscó visitar distintos pueblos del país para ofrecer actividades teatrales, de danza, música y talleres.
En 1969, tras los cambios de la Reforma Universitaria, Joan regresó a la Universidad de Chile para impartir clases de danza en la Facultad de Artes, participando también en el programa de la universidad, “Arte para todos”, el que realizaba representaciones de ballet, música orquestal, folklore, poesía y pantomima al aire libre en sectores populares de Santiago.
Campaña de Solidaridad
El 11 de septiembre de 1973 ocurrió el Golpe Civil-Militar en Chile, aquel día Victor fue a la Universidad Técnica del Estado, donde fue detenido y trasladado junto a funcionarios y estudiantes al Estadio Chile (actual Sitio de Memoria Estadio Victor Jara). Allí fue torturado y asesinado por oficiales del Ejército de Chile. Joan se enteró de su muerte por Héctor Herrera, joven funcionario del Registro Civil, y juntos retiraron el cuerpo de Victor y lo sepultaron en el Cementerio General.
Semanas después, mientras Joan marchaba en el funeral masivo del poeta Pablo Neruda (25 de septiembre de 1973) y oía entre la multitud “¡Compañero Victor Jara, presente!”, ella supo que no estaba sola: “Fue allí, en esa marcha, entre aquella muchedumbre, cuando tomé conciencia de que, si bien Víctor había muerto y yo estaba sola, jamás me sentiría abandonada. Era muy poderoso el sentido de identidad colectiva frente a una tragedia colectiva, y muy fuerte la sensación de un pueblo mortalmente herido que sigue luchando”.
También en ese momento reconoció su camino: “Tuve una vívida conciencia de que tenía una responsabilidad hacia ellos y hacia Víctor. Una de las cosas más difíciles de soportar para mí, personalmente, fue que pensar en Víctor, en vez de ser una fuente de alegría y felicidad como siempre lo fuera, se convirtió en una sensación de dolor, una sensación de agonía, de insoportable sufrimiento. Supe que debía convertir esas emociones en un arma de lucha, no en un arma de odio sino en la afirmación de mi derecho a recordar la vida de Víctor, tan plena y creativa, más que su espantosa muerte… y que ese derecho sólo me pertenecía cuando él y sus canciones estuvieran fuera del alcance de los criminales que habían intentado silenciarle, lo mismo que a todo lo que él representaba”, declaró en su libro “Victor, un canto inconcluso”.
Joan junto a sus hijas Amanda y Manuela abandonaron el país y emprendieron su viaje a Londres, Inglaterra. Desde ese momento adoptó el apellido Jara y lideró una campaña de solidaridad internacional viajando por el mundo denunciando los crímenes y las vulneraciones cometidas por la dictadura de Augusto Pinochet. Durante esta campaña se realizaron distintos homenajes a Victor Jara en ciudades como París, Roma, Berlín, San Francisco, Essen. También en países como Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Australia, la Unión Soviética, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Italia, España, por ejemplo.
En 1978, desde su exilio en Londres, interpuso una demanda por el homicidio en el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, esto para identificar a los responsables directos del asesinato de Victor. Caso que en 1983 fue cerrado por “falta de antecedentes”.
Retorno a Chile
A mediados de 1982 terminó de escribir su libro “Victor Jara, an unfinished song” (publicado en 1983) y a fines de ese mismo año, Amanda, Manuela y Joan retornaron a Chile de manera separada. Alrededor de 1984 dio clases de formación en Concepción con el Grupo de Danza Calaucán y el Grupo de Danza de la Universidad de Concepción.
Posteriormente, en 1985 fundó con Patricio Bunster el Centro de Danza Espiral dedicándose desde entonces a la formación de jóvenes bailarines y profesores de danza impartiendo Técnica Moderna, Eukinética y Coréutica; y Análisis del Movimiento y Didáctica de Danza.
Con la finalidad de resignificar simbólicamente el Estadio Chile, Joan decidió hacer una acción colectiva que “le devolviera su imagen pacífica” a dicho espacio. Así, el 5 y 6 de abril de 1991 se realizaron las jornadas de purificación “Canto Libre”. Una acción que dio el puntapié para que en 1993 se fundara la Fundación Victor Jara, esto con el fin de resguardar la memoria y el legado artístico, social y cultural del cantautor.
En 1998, Joan junto a sus hijas, nuevamente interpuso una querella y la causa se unió a la querella de Littré Quiroga, otra persona ejecutada en el Estadio Chile.
El 2009, mismo año en el que exhumaron el cuerpo de Victor Jara, el gobierno de Michelle Bachelet, le concedió la nacionalidad chilena por gracia, en virtud de su aporte a la vida cultural del país y su lucha por la promoción y respeto de los derechos humanos. La Mandataria señaló, “hoy estamos devolviéndole una parte muy pequeña del amor que ella le ha entregado a Chile y a su gente, a lo largo de tantos años. Y siento que lo único que verdaderamente podemos decir, en este momento, es ‘gracias, Joan’”.
A través de los años, Joan continuó exigiendo justicia por el asesinato de Victor. En 1978 realizó la primera querella por su homicidio, en 1998 la segunda, y recién en agosto del 2023 la Corte Suprema ratificó la condena declarada el 2018 que fijó la Corte de Apelaciones en contra de los acusados. Luego, en octubre del 2023, otro de los responsables de la muerte de Victor que vivía en Estados Unidos, Pedro Barrientos, fue deportado del país por haber mentido al obtener su nacionalidad estadounidense. Al mes siguiente, el 12 de noviembre de 2023, Joan Jara falleció.
Joan Jara recibió distintos reconocimientos por su quehacer artístico y cultural. Algunos de ellos fueron: el Premio Nacional de Artes de la Representación (2021); Premio Academia otorgado por la Academia Chilena de Bellas Artes (2022); Medalla Rectoral de la Universidad de Chile (2018); la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda (2016), otorgado por Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fue reconocida como Profesora Emérita de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (2015); reconocimiento de la Universidad de Chile por su trayectoria y aporte a la danza (2000); reconocimiento a su trayectoria en el marco de la Celebración del Día de la Danza en el Teatro Municipal de Santiago por parte del del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con el apoyo de diversas agrupaciones nacionales de danza como sindicatos de danza, la Corporación de Danza Chile (2004); y el Premio de Danza de la Municipalidad de Santiago (1999).
