Joan Jara en el cierre de ENCUENTROS CERCANOS 2020: ““Esta vida de Víctor sin vida la veo siempre con asombro”

El programa ENCUENTROS CERCANOS de la Fundación Víctor Jara contó con una invitada especial este miércoles 30, en el cierre de su temporada 2020: Joan Jara, presidenta de la institución, quien reflexionó sobre el legado de Víctor desde la perspectiva del 18 de octubre, la labor que ella desarrolló para el libro “Víctor, un canto inconcluso” -que tiene una nueva edición- y el proceso constituyente, entre otros temas.

Acá algunas de sus declaraciones:

  • Presencia de Víctor Jara en la revuelta popular:

“Esta vida de Víctor sin vida la veo siempre con asombro. Hay tanto recuerdo y cariño de mucha gente. Es una cosa que me ayuda todos los días a seguir viviendo. Si no existiera eso para mí sería mucho más difícil enfrentar esta vida que tengo”.

“Me asombró y al mismo tiempo estaba tan agradecida de toda la gente que se acordaba de Víctor, como una de las tantas víctimas de lo que ha pasado en nuestro país (…) eso me hace poder incluirme en lo que pasa hoy día y trato de mantener el corazón arriba”.

  • Por qué cree que Víctor Jara se ha mantenido presente:

“Quisiera creer que es porque Víctor hablaba con verdad y corazón y no se apartó de eso. Una persona totalmente sincera, valiente en sus expresiones personales y que además trató de vivir de acuerdo con los valores en que creía; no toda la gente logra eso mismo (…) Era un hombre valiente y eso me ayuda a seguir viviendo. Es un ejemplo: como yo quería tanto a Víctor y creo que él me quería a mí también, eso me da fuerza de estar aquí y poder hablar”.

  • Su labor para el libro “Víctor, un canto inconcluso”:

“Me sorprendo mucho con el hecho de que logré poner en papel sentimientos y acontecimientos que han sido tremendamente importantes en mi vida. Antes de que me muera eso es un gran confort, un gran logro para mí. Siento que me puedo ir sin sentirme abatida porque no lo hice. El libro me ha hecho feliz de haber publicado los acontecimientos, la vida, el pensamiento de Víctor. Encontré que era necesario y doy gracias a la gente que ha publicado eso en Inglaterra primero y después acá en Chile. Es un tremendo regalo para toda nuestra historia”.

“He dejado ese testimonio para que todo el mundo lo pueda leer, acercarse y ojalá tomar su ejemplo para vivir su vida en relación con lo que creen y con lo que creen que es bueno para Chile y los chilenos».

  • El momento actual de Chile:

«Es necesario en este momento que vivimos hablar de verdad de lo que sentimos, vivimos y deseamos, sin floripondios ni frases demasiado grandes, pero sí con honestidad y, sobre todo, con trabajo».

  • La nueva Constitución:

«Debía ser una oportunidad, pero no sé si está convirtiéndose en eso o son cosas que se mencionan y desaparecen (…) Yo lo veo enredado y quizás hablando a gritos, pero a oídos sordos».

La entrevista completa está disponible en el canal de YouTube de la Fundación:

MULTIPLICANDO LAS VOCES: Primer Programa de Formación de Monitores de la Fundación

Desde fines de octubre hasta el 20 de diciembre se desarrolló, en formato virtual, la primera versión del Programa de Formación de Monitores de la Fundación, una serie de encuentros con especialistas en las diversas aristas de la vida de Víctor Jara. Aspectos biográficos, musicales, teatrales y del contexto histórico, político y cultural en que se desenvolvió, junto a su potente legado y lo que deja su caso judicial en términos de defensa de los Derechos Humanos, son algunos de los contenidos abordados en las sesiones.

El Programa de Formación es el resultado del proceso que desde 2016 desarrolla la Fundación, con charlas y talleres en escuelas con el fin de acercar a la comunidad a la figura de Víctor Jara de manera integral.  Ampliando y profundizando esa experiencia se diseñó una propuesta para formar monitores que puedan comunicar la historia y legado de Víctor en sus entornos. “Para el equipo de talleristas hemos unido recursos humanos de la fundación, como la encargada de documentación del Archivo Víctor Jara, Mariela Llancaqueo, y el actor Daniel Alcaíno, miembro del directorio y un entusiasta divulgador de la vida y obra de Víctor, junto a un grupo de especialistas como Rodrigo Álvarez, David Barra y Karen Cea quienes desde sus ámbitos aportan con su mirada única a este programa; también invitamos especialmente a Patrice McSherry, destacada investigadora de la Nueva Canción Chilena”, describe Margarita Donoso, coordinadora de Gestión y Proyectos de la Fundación.

Mariela Llancaqueo, encargada de documentación del Archivo Víctor Jara, explica el desarrollo de contenidos del Programa: “La idea es que, partiendo por la biografía, se pueda ir ahondando en distintas áreas de la vida de Víctor, terminando con la elaboración de un proyecto de parte de los estudiantes, en que ellas y ellos nos cuenten cómo transmitirán lo aprendido a otras personas”. Otro objetivo es, en palabras de Mariela Llancaqueo, “incentivar el uso del archivo de la Fundación, para que la gente sepa que se puede ocupar en diversas actividades”.

Para Cristian Galaz, director ejecutivo de la Fundación esta primera experiencia “nos permitirá multiplicar nuestra capacidad de llegar con nuestros contenidos a mas comunidades y territorios, es una manera virtuosa de multiplicar manos y voces que nos ayuden con esta tarea de llevar a Víctor a todos los rincones de Chile y por que no, sembrarlo en el mundo entero”.

Fundación Víctor Jara continúa presentando la completa reedición de “Víctor, Un Canto Inconcluso”

Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura , convocatoria 2019, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Directo desde la versión original del inglés y con decenas de imágenes nuevas. Así es la reedición del libro de Joan Jara “Víctor, Un Canto Inconcluso”, trabajo que tomó más de dos años para incluir fotografías y documentos inéditos, verificar fechas y otros datos, labor que fue realizada por el área de archivo de la Fundación Víctor Jara junto a Joan, Manuela y Amanda Jara.

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“Este libro de Joan también es una obra abierta, en permanente crecimiento. Las memorias que Joan comparte en estas páginas siempre serán inconclusas porque tienen el latido de la historia”

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Tras el lanzamiento de septiembre ­-con Alicia Lira, Mónica Gónzález, Nona Fernández y Faride Zerán-, la publicación ha seguido generando atención con presentaciones en las comunas de Curicó e Independencia, vía on line. Uno de los elementos más atractivos de la reedición son 98 imágenes entre fotografías, documentos digitalizados (prensa, programas de teatro) y manuscritos de las múltiples actividades del cantautor, actor y activista. La fotografía y el diseño de la portada fue realizado por el reconocido artista Antonio Larrea.

En el prólogo a la edición 2020 Jorge Montealegre describe: “Este libro de Joan también es una obra abierta, en permanente crecimiento. Las memorias que Joan comparte en estas páginas siempre serán inconclusas porque tienen el latido de la historia”. Y precisa: “Entre la primera edición y esta, que obviamente no es la última, la historia de la Fundación Víctor Jara ha sido intensa. Lo relata Joan en una adenda a la edición de hace veinte años, considerando siempre a quienes la han acompañado. En este lapso, con infinita tristeza despedimos la partida de Patricio Bunster y de Quena Arrieta, que seguirán estando en nuestro recuerdo y gratitud”.

El libro se puede adquirir a través del sitio https://sellovictorjara.cl/

“Los ojos de Chile”, la fundación que ayuda a los cientos de heridos en las protestas

A pocos días del inicio de la revuelta social, un grupo de profesionales, colaboradores, voluntarios se unieron para crear un equipo multidisciplinario que dio origen a la fundación de Los Ojos de Chile, dedicada la atención y protección de las personas agredidas por el Estado desde el 18 de octubre con resultado de trauma ocular.

Las personas agredidas han tenido solo contados apoyos públicos, en que destaca la Unidad de trauma ocular del Hospital Salvador, el recinto de mayor especialización en oftalmología del país. El director de Los Ojos de Chile, Matías Vallejos, también menciona al INDH y las comisiones de Derechos Humanos de la Cámara baja y del Senado. Además hay “una vasta red de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones populares y colectivos artísticos” que ha contribuido, como relata Vallejos.

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“Algunos ataques responden a la represión indiscriminada a la protesta social por parte del Estado, mientras que otros fueron incluso en contextos ajenos a cualquier tipo de movilización. Las agresiones, en gran mayoría fueron por Carabineros, aunque hay casos en los cuales estuvieron involucrados también las Fuerzas Armadas”.

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Una de las principales dificultades es contactar con profesionales que realicen labores específicas para casos como las prótesis oculares. Esta disciplina, que mezcla medicina con una labor casi artística al pintar el iris del ojo para asemejarlo lo más posible a su par, es desarrollada en muy pocos espacios, teniendo en el equipo de Maxilofacial del Hospital Clínico de la Universidad de Chile uno de los pocos los centros dedicados a esta labor. “Hemos podido contactar con algunos equipos e incluso profesionales del extranjero mediante la red de voluntades y organizaciones que hemos podido entramar”, explica.

El director de Los Ojos de Chile define el perfil de quiénes han acudido a la Fundación: personas de 16 a 60 años de casi todo el país – desde la región de Tarapacá hasta Los Lagos- con alta concentración en la Región Metropolitana y Valparaíso. Mayoritariamente son hombres jóvenes. Y respecto a las circunstancias en que ocurrieron estos ataques, Vallejos expresa: “Algunos ataques responden a la represión indiscriminada a la protesta social por parte del Estado, mientras que otros fueron incluso en contextos ajenos a cualquier tipo de movilización. Las agresiones, en gran mayoría fueron por Carabineros, aunque hay casos en los cuales estuvieron involucrados también las Fuerzas Armadas”.

El destino judicial de los casos también es incierto: Existen 411 denuncias por lesiones oculares por violencia estatal según la Fiscalía, pero solo algunas se transformaron en causas y menos aún son las que están abiertas y activas. “Hasta el momento no existe ninguna condena penal o civil por lesiones oculares. De hecho, a la fecha solo existe una sentencia por violencia institucional: homicidio frustrado en Rancagua, un disparo de lacrimógena a menos de 15 metros en la nuca de una persona que transitaba en el lugar. El carabinero involucrado fue dado de baja, pero no fue condenado a la cárcel, sino a cumplir su pena en libertad” es el reporte de Matías Vallejos. El trabajo de la organización que dirige se refleja en su web www.losojosdechile.cl y en sus RRSS, donde documentan casos de ataques que dejaron a cientos de personas con visión parcial y los emblemáticos ejemplos de Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, ciegos tras la revuelta.

Las agresiones no son contra una persona. Todo su entorno familiar, afectivo y laboral se ve afectado. “Hay que considerar que un atropello a los Derechos Humanos tiene repercusiones en todas las dimensiones de lo humano y lo social, por eso todas las formas de apoyo del entorno más cercano son fundamentales y en la gran mayoría de los casos están muy presentes. Muchas personas luego de su ataque no pueden volver a desempeñar las labores que realizaban antes y el entorno más cercano es esencial en la forzada reinvención laboral. Además, las secuelas físicas tienen repercusiones muy profundas en la autoestima, imagen y estado anímico de las personas lesionadas, con cuadros que van desde la agorafobia, la depresión y el estrés post traumático, por lo que los afectos de las personas más cercanas es imprescindible”.

Los Ojos de Chile realiza acompañamiento y rehabilitación en un proceso que puede continuar por años, pues quien tiene visión monocular tiene secuelas en sus movimientos y sentidos como el equilibrio.  Matías Vallejos enfatiza que están enfocados en ayudar: “Si conocen a alguien que haya sufrido trauma ocular como resultado de violencia estatal, les pedimos que le hablen de nuestra fundación. Somos una organización sin fines de lucro que está para ayudarles”. Además, en su web reciben aportes, propuestas para desarrollar actividades, o transformarse en voluntarias o voluntarios.

Amanda Jara: «Es importante que no nos pasen máquina y que no nos soltemos de la mano. Hay que seguir batallando”

La primera semana de diciembre Amanda Jara, hija de Víctor e integrante del directorio de nuestra Fundación, realizó entrevistas y participó del conversatorio sobre la reedición de “Víctor, un canto inconcluso”, realizado con el área de Cultura de la Municipalidad de Independencia. En esas conversaciones con Natalia Valdebenito (Súbela radio); Sandra Zeballos y Aldo Schiappacasse (Radio ADN); e Isidora Moulian de Independencia Cultural, Amanda abordó el legado de su padre, el trabajo en la Fundación, el proceso judicial, imaginó en qué Víctor estaría hoy y se refirió a la situación en el país tras la revuelta popular de 2019.

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«El pueblo le hizo Justicia a mi padre, y seguiremos luchando por la Justicia formal». También imaginó en qué estaría hoy: “Yo creo que estaría ahí en la Plaza, en la Junta de Vecinos. Mi papá era muy colaborativo en su trabajo: me lo imagino cansado, trabajando 20 horas y a las hijas tratando de atajarlo”. Y referente al proceso post plebiscito alertó: «Es importante que no nos pasen máquina y que no nos soltemos de la mano. Hay que seguir batallando. Salir a la calle, protestar, participar. Y con ánimo y alegría en el corazón».

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Sobre el legado de su padre expresó: “Víctor hablaba de un arte que no sea solo del show, del espectáculo, sino una conexión real y verdadera con el pueblo». Y agregó: “No le van a poder quitar nunca su compromiso social, su militancia y el trabajo que ha hecho nuestra Fundación lo demuestra”, dando como ejemplo la reedición del libro. “Estamos trabajando más que nunca en la Fundación; la pandemia no nos ha frenado”.

En referencia al extendido proceso judicial, Amanda reflexionó: «El pueblo le hizo Justicia a mi padre, y seguiremos luchando por la Justicia formal». También imaginó en qué estaría hoy: “Yo creo que estaría ahí en la Plaza, en la Junta de Vecinos. Mi papá era muy colaborativo en su trabajo: me lo imagino cansado, trabajando 20 horas y a las hijas tratando de atajarlo”. Y referente al proceso post plebiscito alertó: «Es importante que no nos pasen máquina y que no nos soltemos de la mano. Hay que seguir batallando. Salir a la calle, protestar, participar. Y con ánimo y alegría en el corazón».

Además contó parte de su historia personal con la política: «No fui a votar el 88. Estaba abrumada, en un tallercito con una pintura: lloraba, pintaba, me enojaba. Ahora, para el plebiscito, fui. Esto nace del fervor, de la rabia de todo el pueblo» y profundizó: “Después de todas las violaciones a los derechos humanos que se volvieron a cometer, uno ve que hay presos políticos de la revuelta que siguen en prisión. ¡Basta! ¡Basta de esto! (…) Los carabineros… el subsecretario Galli hablando de utensilios… Yo ya tengo 56 años, para el golpe tenía nueve, y uno ha tenido que aprender a vivir con esta frustración, ha tenido que tratar de darle la vuelta para poder construir felicidad. No dejemos que esto les pase a los cabros chicos de ahora, a los jóvenes, a las jóvenes. No podemos».

Y aunque no han podido participar de las marchas, están presentes. Amanda lo relata: «Mi mamá había estado marchando antes, pero ese octubre de 2019 estaba media debilucha de salud, aunque sentía que tenía que estar en la calle. Y yo le decía ‘Pero mira cómo está el papi ahí, él está por nosotras'», en referencia a las múltiples interpretaciones de “El derecho de vivir en paz” y de la imagen de Víctor Jara en banderas, pañuelos y pinturas callejeras. Como representante de la familia, Amanda representó también la solidaridad con que han vivido su duelo:  «La historia de nuestra familia es la historia de muchas familias. El dolor que vivimos es un dolor colectivo. Y dado que tantos años seguimos con la impunidad, es un dolor con todos, excepto con los ultra negacionistas».   

Nelson Villagra: “La presencia de Víctor en la revuelta popular de hoy es herencia de la consecuencia de vida que tuvo”

El gran actor chileno rememora su amistad con Víctor Jara a quien conoció a fines de los años 50. Recogieron colillas de cigarros, soñaron en el Cerro Santa Lucía y se consagraron como talentos únicos en la cultura nacional.


Episodios en la vida de Víctor Jara recordados por uno de sus mejores amigos, el que lo conoció antes de que tuviera su propia guitarra, mientras construía sus sueños para trabajar en la cultura, y que lo vio en su crecimiento y consolidación en el teatro y la música. Acá, desde Canadá, Nelson Villagra relata de primera fuente estos instantes.

La primera obra: “Nos conocimos en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Víctor llegó cuando yo estaba en el segundo año. En esos tiempos los alumnos participábamos en pequeños roles o como comparsa en las puestas en escena que hacía el Teatro Experimental. La primera obra en que nos conocimos fue ‘Fuerte Bulnes’ de María Asunción Requena. Interpretábamos a colonos del fuerte y a Víctor le tocó ser indígena”.

Pan negro y un litro de leche: “Empezamos a conversar con Víctor y nos enteramos de que ambos tocábamos la guitarra y teníamos vínculos con el campo. Decidimos juntarnos un día luego de las clases e irnos a conversar al cerro Santa Lucía. Juntamos unos pesos y nos compramos un pan negro y un litro de leche y nos sentamos en algún lugar del cerro arriba y comenzamos a conversar”.

La tocata: “Un día lo invité a la pensión donde yo vivía, una pensión muy modesta por ahí por la Avenida Matta y Víctor llevó una guitarra para mostrarme canciones. La gente de la pensión comenzó a escuchar a alguien que tocaba muy bien, porque Víctor ya en esos tiempos era un excelente guitarrista y cantante. Tocó algo de Atahualpa Yupanqui creo, porque le gustaba mucho. Evidentemente la gente empezó a acercarse, a abrir la puerta del salón de la pensión”.

Las colillas: “Seguimos todos los días juntándonos con Víctor en el cerro Santa Lucía y ahí arreglábamos el mundo. Acostumbrábamos a ir a comer a la pensión, porque los dos estábamos muy mal de dinero. Y solíamos recoger colillas de cigarrillos para fumar. En el foyer de los cines golpeábamos los cristales llamando al hombre que lo cuidaba y le pedíamos entrar un poquito a los ceniceros; recogíamos a veces unas colillas preciosas, incluso de cigarrillos extranjeros, en ese tiempo el Pall Mall o Chesterfield y fumábamos. Éramos expertos en no tocar la colilla, sino que con los dedos fumábamos”.

Vacaciones en el campo: “A finales de 1956, con un interés folclórico, invité a Víctor a que fuéramos en las vacaciones de verano a conocer la zona de El Carmen en Ñuble. Y partimos en enero del 57, Víctor con la idea de ir a hacer investigación folclórica. Todo ese verano anduvo con ‘El Ratón’, un hombre de la zona, trilla tras trilla donde siempre había cantoras, cuecas y fiestas con asado y vino. Víctor gozó de todo eso y aprendió muchísimo y solía ir de tarde en tarde a la casa a cambiarse ropa (…) Cuando llegamos a Santiago, llegamos convertidos en dos campesinos”.

La guitarra de la Casa Amarilla: “Un día Víctor me llega contando que se había encontrado con una amiga, que parece que había conocido en el Cuncumén, que era profesora o directora de un colegio, y le había ofrecido comprarle una guitarra. Y Víctor me dijo ‘comprenderás que yo le dije que no, porque imposible. Me sentí mal cuando me lo ofreció’. Y yo le dije ‘no, cómo se te ocurre, tienes que decirle que sí. Vamos juntos’. Y finalmente Víctor se atrevió, nos juntamos un día con esta señora y fuimos a la Casa Amarilla en la calle San Diego. Víctor probó varias guitarras y al final encontró una. Es un momento que, incluso ahora mismo recordándolo, me vuelve a emocionar. A Víctor se le salieron las lágrimas mientras pulsaba la guitarra… Era una preciosa guitarra. Los tres estábamos muy emocionados la verdad”.

El proyecto de dúo: “Cuando volvimos de un segundo veraneo intentamos darle vida a nuestro dúo musical que se llamaría ‘Los peones de tierra larga’. Grabamos unas canciones en un estudio que tenía un alemán de la RDA, en la calle Londres. Siempre he pensado si ese mismo edificio no fue el que sirvió posteriormente como la casa del terror… Pero, en fin, ahí grabamos esas canciones”.

Joan y la guerra: “Me fui a Concepción cuando terminé la escuela de teatro. Y estaba en un grupo que no funcionó, cuando Víctor apareció en casa y me ofreció, de parte del Teatro Nacional, un contrato para el año como actor invitado y dirigirme él en una obra que sería ‘Viet Rock’. Víctor en ese tiempo ya estaba influenciado por Joan, con la onda física, digamos, de la importancia física del actor o de la kinésica. ‘Viet Rock’ era una denuncia de la Guerra de Vietnam. Eran metáforas sobre la Guerra. Yo hacía un sargento norteamericano que disciplinaba a mis soldados. Nos preparó físicamente Joan. Joan Turner en ese momento todavía, la futura Joan Jara. Una preparación increíble porque hasta el día de hoy empleo varios ejercicios de los que enseñaba Joan… Los hago más suaves hoy. Pero aquello fue magnifico, nos dejó como resortes. Como era una obra de la denuncia de la violencia que genera la guerra, y una guerra tan inútil y estúpida como fue aquella de Vietnam, Víctor exigía precisamente que pudiéramos comunicar esa espantosa violencia y su inutilidad”.

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Es una preciosa canción (Plegaria a un Labrador) en que él eleva a ese trabajador a una instancia de verdadero héroe. Esos son los héroes que Víctor supo resaltar. Destacar la capacidad de ternura que tiene nuestro pueblo en ‘Te recuerdo Amanda’. Son cosas de una profundidad emocional que cualquiera que la escuche siente que eso es el ser humano, que eso somos los seres humanos. No el que anda tratando de pisotear o ignorar al otro. Otra canción hermosa es ‘El cigarrito’… Es incalculable el aporte cultural, sentimental, emocional que hizo Víctor a la lucha social y a la condición humana de nuestro pueblo”.

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Los recuerdos saltan al presente: “La presencia de Víctor en la revuelta popular de hoy es herencia de la consecuencia de vida que tuvo. Es el típico hombre que vivió consecuentemente. Así como hay otra gente que vive con su fe, hay también gente que vive con sus convicciones que son tan válidas como otras”.

Canción por canción: “Es una cosa tan absurda que se pretenda mantener un sistema, que es contra el que reclamaba gente como Víctor. Siempre, a través de sus canciones, alegó contra la injusticia y, a la vez, alabó y elogió a esas personas que trabajaban como en ‘Plegaria a un labrador’. Es una preciosa canción en que él eleva a ese trabajador a una instancia de verdadero héroe. Esos son los héroes que Víctor supo resaltar. Destacar la capacidad de ternura que tiene nuestro pueblo en ‘Te recuerdo Amanda’. Son cosas de una profundidad emocional que cualquiera que la escuche siente que eso es el ser humano, que eso somos los seres humanos. No el que anda tratando de pisotear o ignorar al otro. Otra canción hermosa es ‘El cigarrito’… Es incalculable el aporte cultural, sentimental, emocional que hizo Víctor a la lucha social y a la condición humana de nuestro pueblo”.

El estadio y la verdadera democracia: “Creo que el estadio de Víctor Jara debe ser transformado verdaderamente en un monumento nacional para que se sepa que allí murieron muchas gentes que dieron su vida por un ideal y una sociedad más justa. Tan sencillo como eso. Estamos en un período tan oscuro de nuestro país que verdaderamente hay veces que yo evito leer noticias de Chile, porque son tales los horrores que se siguen viviendo que yo digo que eso no puedo llamarse democracia. Eso no es democracia. Estoy hablando desde Quebec:  Aquí no somos socialistas, ni comunistas, ni marxistas, todos esos fantasmas horribles que tienen las derechas internacionales; pero tenemos salud gratuita, la educación está facilitada por todos lados, una serie de regalías sociales y somos un país capitalista, si se quiere nombrar por las nomenclaturas clásicas. Sin embargo, se ha repartido. Eso es lo que tenemos que hacer: derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, en fin, a las cosas básicas. Cómo nos vamos a llamar democracia si no tenemos esas cosas”.

La USACH rinde homenaje musical a Víctor Jara

Víctor Jara fue un trabajador de la cultura durante toda su trayectoria. El último tramo de esa labor lo desempeñó en la Secretaría Nacional de Extensión y Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado (UTE), actual Universidad de Santiago (USACH). Esa misma institución decidió, a través de dos de sus cuerpos artísticos, rendir homenaje al cantautor en su sello musical Aula Records.

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“La vinculación de Víctor Jara y la UTE se mantiene vigente después de varias generaciones (…) el cariño por Víctor Jara y su obra están muy presentes en alumnos y funcionarios de nuestra Universidad… Es una vinculación permanente y muy viva que es transversal también a las nuevas generaciones”

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«El derecho de vivir en paz» es interpretada por Syntagma Musicum y «Manifiesto» está a cargo del Coro Madrigalista Usach en un disco que está disponible en formato digital y en vinilo, con diseño de Antonio Larrea.

Franco Bonino, director del conjunto de música antigua Syntagma Musicum, comenta que decidieron incorporar «El derecho de vivir en paz» a su repertorio en pleno “estallido social”: “Nos enteramos de que el musicólogo Alejandro Vera había subido a YouTube esta composición suya; una fuga a tres voces en un estilo muy bachiano, que realizó, como él mismo nos deslizara, inspirado y afectado por los hechos que vivíamos en aquel momento. Luego de escucharla, nos dimos cuenta que musicalmente era perfecta para nuestra agrupación, y cuando digo musicalmente no solo me refiero al aspecto puramente técnico, sino a su espíritu”. El estreno en vivo fue durante el Concierto de Navidad de la agrupación: “La reacción de la gente fue muy particular, una suerte de sorpresa y efusividad. Fue muy bien acogida. Claramente estábamos todos en un estado de alta emocionalidad. Y posteriormente la tocamos en la Villa Portales a raíz de una iniciativa que se gestó en las jornadas de reflexión en la USACH durante el estallido. También ahí se produjeron muchos cruces simbólicos y evocaciones, por la misma historia de la Villa y su relación histórica con la Usach”.

A cargo de la versión de “Manifiesto” está Rodrigo Díaz, director del coro Madrigalista, quien comenta sobre el trabajo desarrollado para esta versión: “La obra de Víctor Jara ha tenido innumerables arreglos y versiones: solistas, corales, de cámara, orquestales o sinfónico corales.  A mí parecer una buena versión es la que mantiene de mejor manera la esencia de la canción de Víctor Jara.  En el caso de la versión coral de William Child de «Manifiesto» creo que está muy bien lograda. Las distintas voces – sopranos, altos tenores y bajos- reproducen alternadamente la melodía de la canción y mientras escuchamos muy definida la melodía original, las demás voces armonizan perfectamente los acordes de la guitarra manteniendo íntegra la versión de Víctor Jara que tanto nos emociona, pero dándole una dimensión distinta a través del arte coral”.

Rodrigo Díaz y Franco Bonino tienen clara la vinculación histórica de Víctor Jara con la UTE, espíritu que se involucró directamente con su trabajo. “La vinculación de Víctor Jara y la UTE se mantiene vigente después de varias generaciones (…) el cariño por Víctor Jara y su obra están muy presentes en alumnos y funcionarios de nuestra Universidad… Es una vinculación permanente y muy viva que es transversal también a las nuevas generaciones” opina Rodrigo Díaz. Franco Bonino resalta: “La recepción de la obra fue tan cálida que es la evidencia palpable de la actualidad de Víctor Jara. Quienes tomaron la canción como prácticamente himno del estallido no eran contemporáneos a Víctor Jara: está más vigente que nunca”.

MEMORIA EN RESISTENCIA

Ataque a los Sitios de Memoria: una constante en todo el país

Los Sitios de Memoria, espacios invaluables para la protección de los DD.HH. y para educar a las nuevas generaciones en la historia de los abusos cometidos por la dictadura cívico-militar, se mantienen a puro empuje y corazón de comunidades que se han dedicado a preservarlos y darles visibilidad, con escaso apoyo desde la institucionalidad.

Ese trabajo dedicado y sostenido en el tiempo ha sido víctima de diversos ataques en los últimos años. Agresiones que se acrecentaron tras la revuelta popular de octubre de 2019. Karen Cea, representante de la red de Sitios de Memoria, comenta: “Efectivamente, tras la revuelta popular del 18 de octubre, como Red de Sitios denunciamos el incremento en los ataques a sitios de memoria en distintos puntos del país, lo que leemos como una respuesta de los sectores fascistas y reaccionarios que siempre han estado, pero que se sienten validados en un contexto de represión estatal contra la población legítimamente movilizada. Asimismo, no es casualidad que esto ocurra cuando sitios de memoria como Londres 38, la Providencia de Antofagasta, Nido 20, entre otros, se pusieron a disposición del movimiento social como observadores de derechos humanos o como puntos de salud, transformándose en espacios fundamentales para atender a todos quienes eran reprimidos por la organización criminal que es Carabineros de Chile”.

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“Cada vez que el Estado guarda silencio ante el ataque a Sitios de Memoria, está incumpliendo los compromisos internacionales del Estado de Chile en materia de verdad, justicia, memoria y reparación. Por ejemplo, no hemos visto una condena a estos ataques desde la unidad que debiera velar por el resguardo de estos espacios, nos referimos a la Subsecretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos”

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Aunque cada ataque, en su dimensión, es grave y afecta a la comunidad, Karen Cea resalta tres espacios que han sido víctimas de constantes daños: el Sitio Colón 636 de Punta Arenas, la ex Clínica Santa Lucía de Santiago y los atentados a los Memoriales y Museo de Neltume en la Región de Los Ríos.  El 28 de febrero de 2020 Colón 636, ex Centro de Detención y Tortura ubicado a pocos metros del centro de la capital de la Región de Magallanes, sufrió un incendio de grandes proporciones, que destruyó todo el interior del edificio. Iván González, director del observatorio de la Memoria y Derechos Humanos de Magallanes, relata: “En noviembre de 2019 se produjo una advertencia pues la casa fue apedreada y rompieron los vidros del primer piso. La casa es del Fisco, por eso la Agrupación de Familiares de Ejecutados políticos pidió al Ministerio de Bienes Nacionales tomar las medidas de protección correspondientes, pero sólo se tapiaron las ventanas con latas de zinc. No se tomó en cuenta nuestra petición. Así llegamos al 28 de febrero de este año, en que un incendio quemó el interior de la casa, que es Monumento Nacional, por completo. Nosotros pudimos entrar desde el sótano a mirar y es un hoyo inmenso por dentro, el exterior se mantuvo porque es de concreto”. Para el activista, la intención era destruir la casa, pero los agresores no contaron con la resistencia del material basal del edificio. “Entendemos que son acciones dirigidas, porque el 4 de marzo también se atacó el memorial que tenemos en el Cementerio de Punta Arenas. Son intentos de vandalizar la Memoria”, añade Iván González.

En Santiago, la ex Clínica Santa Lucía, donde prisioneros políticos fueron operados contra su voluntad por médicos que actualmente están procesados por la Justicia, ya son constantes los ataque. En el lugar también funciona la Comisión Chilena de DD. HH:  en un año han entrado cuatro veces a la casona destruyendo chapas, puertas, ventanas, robando equipos electrónicos, cámaras y computadores, causando caos e incluso dejando fecas humanas. Cada ataque ha sido denunciado a la Justicia: “Hemos tenido respuesta solo una vez donde el individuo dejó una mochila que fue clave para descubrir su identidad; el resto de las veces se realiza la denuncia, se realiza el peritaje y no se ha llegado a ninguna solución. Se reforzó la seguridad del espacio, pero lamentablemente no fue suficiente ya que entraron una vez más al sitio”, dicen los representantes del Sitio de Memoria ex Clínica Santa Lucía, quienes añaden sobre las sospechas de los autores de estos continuos ataques: “En este contexto es difícil no pensar que puede ser un ataque político, mas no tenemos pruebas para ello”.

En el norte del país, se registraron rayados al Memorial regional de Antofagasta, que no ha recibido ayuda para su reparación.  Y en el sur, en Neltume, los ataques se han sucedido hace años. Angélica Navarrete, presidenta del Centro cultural Museo y Memoria Neltume, relata que el primer ataque al museo fue en 2013, rompiendo los vidrios e incendiando la Sala de la Memoria. Además, los atacantes robaron un notebook y libros con testimonios de los hechos que sucedieron en la zona. “La denuncia fue hecha. Llegó la SIP de Carabineros, tomó huellas, acordonó el área y no se logró dar con ningún resultado. Y la fiscal cerró la investigación”, explica Angélica Navarrete. En 2017, sustrajeron -entre otros implementos- un cuadro con joyas mapuche. La investigación de la PDI tampoco llegó a dar con los responsables. En 2019 las placas recordatorias de los caídos en la zona intentaron sacarlas, hicieron rayados: “Nunca hemos conseguido esclarecer los hechos”, recalca la dirigenta.

Karen Cea resume las impresiones de los diversos Sitios de Memoria respecto a la situación actual y la falta de compromiso de las autoridades: “Cada vez que el Estado guarda silencio ante el ataque a Sitios de Memoria, está incumpliendo los compromisos internacionales del Estado de Chile en materia de verdad, justicia, memoria y reparación. Por ejemplo, no hemos visto una condena a estos ataques desde la unidad que debiera velar por el resguardo de estos espacios, nos referimos a la Subsecretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos”. Cea añade un tema más complejo: “Si profundizamos, podemos pensar en otras situaciones que ponen en riesgo a los Sitios de Memoria, por ejemplo, cuando el propio Estado y sus agentes es quien amenaza y destruye estos sitios de memoria, un ejemplo claro es lo ocurrido con Borgoño por ejemplo; o también cuando recientemente se anuncia la reducción presupuestaria a los Sitios de Memoria que hoy reciben un aporte financiero a través de un convenio de colaboración con el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y la vergonzosa suspensión de un fondo concursable para proyectos de cultura y sitios de memoria de la Unidad Programa de Derechos Humanos de la Subsecretaria de Derechos Humanos”. Frente a esta medida, la red de Sitios de Memoria envió una carta en agosto, que no ha sido respondida.

ENTREVISTA Mario Mutis – “VICTOR NOS TOCÓ A TODOS, MUY FUERTE”

“Víctor debe haber tenido unos diez años más que nosotros. Pero no era un personaje distante. Le reconocíamos que tenía una experiencia mucho más amplia que la nuestra y le preguntábamos ‘oye, Víctor y qué pasa con esto y qué pasa con lo otro’. Las conversaciones se referían al tema musical, pero también a un montón de cosas, del cosmos, de la poesía. En ese tiempo todo el mundo estaba con la mente muy abierta, pensando en cómo construir una nueva sociedad, un nuevo país, cómo cambiábamos esta sociedad para que fuera una sociedad más justa, más equitativa”.

Mario Mutis, histórico integrante de Los Jaivas, tiene su estilo. Por ejemplo, para describir la febril actividad de Víctor Jara en los inicios de los años 70, dice: “Estaba siempre haciendo cosas, conciertos, grabando, haciendo teatro… La cantidad de cosas que hacía y que no tenía tiempo ni para hacer pichí. Me sorprende que haya podido ir hasta Viña a conversar con nosotros”.

El cantautor y el grupo tuvieron varios encuentros en la casa de los hermanos Eduardo y Claudio Parra en Viña del Mar. La amistad nació así: “Nos encontramos una vez en Televisión Nacional, entre el 69 y 70, por ahí. Estuvimos conversando en el casino, creo que era la primera vez que nos encontrábamos: intercambiamos ideas y conversamos, tomamos café. Él después nos visitó en esa casa”. Los encuentros terminaban de madrugada: “Con canturreo y una estufita chiquitita a gas que calentaba nada porque era una casa gigantesca y uno que tenía que estar al lado de la estufa o si no se cagaba de frío. Nos amanecimos un par de veces conversando y surgió la idea en ese momento de hacer un disco tributo a Violeta Parra. Hoy pienso cómo habría sido ese disco, me habría encantado haberlo podido escuchar. Habría sido quizá un hito dentro de la historia musical chilena”. Ese disco no se pudo concretar por los tiempos de Víctor y Los Jaivas y por la contingencia política que fue tomándose la agenda.

Pero hubo otros momentos para compartir. “Víctor nos invitó a un festival que se llamaba ‘América no invoco tu nombre en vano’, que lo hizo en la Quinta Normal. Estaba él, nosotros, Los Blops, y otros grupos de la época”, recuerda Mutis. “El año 73 estábamos haciendo las grabaciones de ‘Palomita blanca’, la película de Raúl Ruíz, y también estábamos musicalizando un documental sobre el Tanquetazo. El tema se llamaba ‘La cueca negra’. Era muy cerca de lo que fue el golpe militar. Víctor andaba con un tema que se llamaba ‘La ve, no la vio y Dios no la ve’. Ese nombre lo inventó él”.

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“Eduardo Parra estuvo desaparecido como tres meses. Lo tomaron preso por alguna razón que nunca nadie supo. Pensamos que había muerto, pero al final logramos encontrarlo”. Las autoridades de la represión argentina lo tenían identificado: “Decían ‘¿Cuál es el músico, el mayor del grupo de todo este lote de hippies marihuaneros y marxistas leninistas que estaban en Argentina, arrancando del golpe militar chileno?’”.

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Tras el golpe, Los Jaivas se fueron a Argentina. Era un viaje que tenían agendado, incluso con conciertos de despedida, uno de ellos planeado para el 14 de septiembre en el Teatro Municipal de Santiago. “Obviamente no se pudo hacer, ni menos irnos a Argentina en la fecha planificada porque se cerraron las fronteras. Creo que el día 29 de septiembre logramos salir a Mendoza en un bus. De ahí nos quedamos en Argentina porque volver a Chile era un suicidio”.

Un nuevo golpe los alcanzó el 76 en Argentina. “En ese tiempo había golpe militares día por medio en América Latina, un desastre. Las balas corrían más que los instrumentos”, reflexiona Mario Mutis y cuenta un episodio de persecución política que los afectó directamente: “Eduardo Parra estuvo desaparecido como tres meses. Lo tomaron preso por alguna razón que nunca nadie supo. Pensamos que había muerto, pero al final logramos encontrarlo”. Las autoridades de la represión argentina lo tenían identificado: “Decían ‘¿Cuál es el músico, el mayor del grupo de todo este lote de hippies marihuaneros y marxistas leninistas que estaban en Argentina, arrancando del golpe militar chileno?’”.

Tras asentarse en Europa, Los Jaivas regresaron a Chile para una gira en 1981: “Hubo una iniciativa de hacer un homenaje a Víctor y nosotros grabamos ‘Vamos por ancho camino’. A mí me encantó como quedó, salió en el disco y ahí está como testimonio”. El trabajo se realizó en plena dictadura, pero el grupo decidió participar: “Ahí está nuestro aprecio, cariño y emoción por el Víctor, que nos tocó a todos muy fuerte”.

Mutis también recalca el perfil político de la acción de Víctor: “Era prácticamente un torbellino. Se le ocurrían mil cosas por minuto, ideas, proyectos y uno seguía conversando y te seguía contando cosas que quería hacer. Aparte de su trabajo en las poblaciones, que hacía bastante con centros de madres, juntas de vecinos”.  Con ese recorrido, Víctor Jara también fue un guía para el grupo. “Víctor debe haber tenido unos diez años más que nosotros. Pero no era un personaje distante. Le reconocíamos que tenía una experiencia mucho más amplia que la nuestra y le preguntábamos ‘oye, Víctor y qué pasa con esto y qué pasa con lo otro’. Las conversaciones se referían al tema musical, pero también a un montón de cosas, del cosmos, de la poesía. En ese tiempo todo el mundo estaba con la mente muy abierta, pensando en cómo construir una nueva sociedad, un nuevo país, cómo cambiábamos esta sociedad para que fuera una sociedad más justa, más equitativa”.