Quienes deseen apoyar la campaña, deben completar un formulario para suscribir a la petición que se presentará el 15 de septiembre ante el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
El 15 de septiembre, representantes de la asociación de escritores PEN Chile y de la Fundación Victor Jara presentarán ante el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio una carta que le solicitará a la ministra Carolina Arredondo la creación del Día Nacional de la Libertad de Expresión en Chile, sugiriendo como fecha el 16 de septiembre. Según indica la misiva, «PEN Chile eligió el 16 de septiembre, día del asesinato de Víctor Jara por la dictadura militar en 1973, para honrar su memoria y un legado que sigue sosteniendo el alma de un pueblo que todavía lucha por el Derecho a vivir en paz, esa canción maravillosa que nombra el derecho fundamental sin el cual los demás se desarman, se deshilachan, al igual que el derecho a la libertad de expresión por la que fue asesinado. Todas sus canciones hablan de amor, de paz, de dignidad y de justicia social, valores que defendemos como los únicos que sustentan el buen vivir en una sociedad inclusiva, unida y libre».
Esta idea tiene su origen en el 2021, cuando el Comité de Escritores Encarcelados de PEN Internacional pidió a todos los centros del mundo elegir una fecha significativa de la historia nacional para organizar la celebración pública de la libertad de expresión, con vistas a resaltar la importancia de proteger este derecho esencial en una sociedad democrática, derecho que es baluarte de PEN Internacional y debería serlo de todas las naciones.
Acompañada de familiares, amigas y amigos, la artista oriunda de Castro recibió el reconocimiento de la Universidad de Los Lagos y la Fundación Victor Jara en una ceremonia realizada en Puerto Montt, en el marco del 32° Aniversario de la casa de estudios regional.
Este lunes 25 de agosto el Campus Puerto Montt de la Universidad de Los Lagos recibió por primera vez la ceremonia de entrega del Premio Regional de Artes Víctor Jara, que otorgan la Casa de Estudios y la Fundación Victor Jara, el cual este año fue otorgado a la cantora y compositora mapuche huilliche Neddiel Muñoz Millalonco.
Con 43 años de trayectoria, Neddiel Muñoz se ha constituido en una de las artistas, investigadoras y divulgadoras de la lengua mapudungun y de la música tradicional del pueblo mapuche huilliche de Chiloé, trascendiendo fronteras y disciplinas.
La ceremonia estuvo encabezada por el Rector Óscar Garrido Álvarez, quien destacó el nivel de madurez que ha alcanzado el premio con el paso de los años en términos de la diversidad de personas que lo han recibido. “Por otro lado, reconocer que llevamos un número de años importante con la Fundación, lo que tiene un tremendo valor cuando a veces las cosas no prosperan en el tiempo, al ser una universidad pública que encarna principios y valores que están impregnados en el legado de Víctor Jara, junto a la Fundación, creo que es un notable proyecto”.
Rector Óscar Garrido Álvarez junto a la artista Neddiel Muñoz Millalonco y Amanda Jara, presidenta de la Fundación Victor Jara
En este sentido valoró la figura de Neddiel Muñoz como ganadora del Premio en su versión 2025. “Diría que la trayectoria como escritora, productora, gestora cultural, el valor que tiene para las comunidades indígenas y su rol en el sistema de la primera infancia hoy día la hacen merecedora con creces por su trayectoria impecable y además reconociendo a los pueblos originarios”.
La ceremonia contó con la participación de los artistas de la Universidad de Los Lagos Emilia Díaz, Javier Silva, Elisa Reyes y Jorga Pacheco, quienes interpretaron obras de Víctor Jara para amenizar la jornada. Tras recibir el galardón de manos de Amanda Jara, presidenta de la Fundación, y del rector Óscar Garrido, Neddiel Muñoz agradeció la distinción por el significado que este tiene.
“Es un premio súper especial porque pone en valor a los artistas de la región. El trabajar con todas las personas que están aportando al desarrollo de la región trasciende a todas partes. Lo bonito es cuando lo reconocen acá, porque estamos trabajando en nuestra casa. Eso significa que la Universidad está consciente al igual que la Fundación Victor Jara, que las regiones tenemos un tremendo potencial y somos un aporte para el país”, comentó la artista y educadora.
Asimismo señaló que con más de 40 años de vida artística, los premios son un regalo inesperado. “Una a esta edad agradece. No esperamos premio. Toda la vida hemos trabajado porque pertenecemos a otra generación, vivimos de otra forma, enfrentamos un Chile distinto. Entonces tiene mucho que ver con tu historial de vida. Esto es un abrazo con la vida, porque nos miramos todos los años, antes no esperábamos estas cosas, caminabas nomás, construías”.
Quien también tuvo palabras de admiración para Neddiel Muñoz fue Amanda Jara, hija del cantautor cuyo legado permanece con el Premio y los artistas. “Este convenio de colaboración firmado en 2016 se ha transformado en una unidad de amor, arte, compromiso y de legados. Porque mi papá está en el nombre del Premio pero los premiados también llevan una posta. Neddiel Muñoz Millalonco es emocionante y en el marco del Aniversario de la Universidad es súper emotivo, así que espero que continuemos esta linda labor”.
Las autoridades universitarias anunciaron que para la celebración de los 10 años del Convenio de Colaboración con la Fundación Victor Jara se preparará un programa especial que reconozca a los artistas de estas primeras convocatorias.
La embajadora Laura Moreno recorrió las instalaciones del ex Estadio Chile con el fin de conocer el trabajo del actual Sitio de Memoria.
A principios de agosto, la Fundación Victor Jara recibió la visita de Laura Moreno, embajadora de México en Chile, quien se comunicó con la organización para conocer el trabajo que realiza el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara. Y es que la representante de la Embajada Mexicana se encuentra realizando visitas en distintos espacios que trabajan con memoria y derechos humanos para conocer sus funcionamientos y robustecer un trabajo de vinculación, teniendo presente la relación que une al país azteca con Chile en tiempos de dictaduras latinoamericanas .
Según consigna el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, «a partir del Golpe de Estado de septiembre de 1973 y hasta noviembre de 1974, en los inicios de la dictadura de Pinochet, la Embajada de México en Chile recibió en asilo a más de 700 personas. Culminado este periodo y en respuesta a la violaciones a los derechos humanos que se estaban cometiendo en Chile, el entonces presidente mexicano Luis Echeverría Álvarez, rompió relaciones diplomáticas con este país, las cuales fueron re establecidas en 1990, en el marco de la visita de Estado que efectuó el presidente de México Carlos Salinas de Gortari».
(De izquierda a derecha) Laura Moreno, embajadora de México en Chile; Amanda Jara, presidenta de la Fundación Victor Jara, y Ana González, integrante del Sitio de Memoria.
Amanda Jara, presidenta de la Fundación Victor Jara sostuvo al respecto que la embajadora Laura Moreno es «una persona involucrada en los derechos humanos, maneja mucho conocimiento en estas materias y acerca de la gestión que hizo México durante la dictadura, acogiendo tanto en su embajada como en su país a compatriotas que estaban siendo perseguidos y perseguidas políticamente. Esperamos que esta visita fortalezca nuestra vinculación tanto con la Embajada como con el pueblo mexicano».
Durante el recorrido, Mariela Llancaqueo y Ana González —ambas integrantes del Sitio de Memoria Estadio Victor Jara— hicieron un recorrido por la historia del ex Estadio Chile, narrando su origen, su utilización como centro de detención, tortura y exterminio tras el Golpe de Estado de 1973, el trabajo de recuperación del recinto como centro cultural y deportivo; además de su transformación en un sitio de memoria que custodia la Fundación Victor Jara y del actual trabajo artístico, cultural y de pedagogía de la memoria que va de la mano con proyectos ofrecidos para la comunidad. Como por ejemplo, los talleres textiles, las Colonias Culturales «Girasol» y la Escuela Popular: jóvenes, memoria y derechos humanos, entre otras iniciativas.
15 sesiones tendrán los talleres de arpilleras y de telar mapuche, los que marcan una continuidad a este proyecto dirigido a mujeres y que comenzó el año pasado.
El 19 de julio comenzó el tercer ciclo de talleres textiles de la Fundación Victor Jara, correspondientes a creación de arpilleras y telar mapuche. Ambos cursos gratuitos se desarrollan en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara y son parte de una continuidad de este proyecto iniciado el 2024. Un tercer nivel que tendrá 15 sesiones en total.
Estos buscan rescatar oficios textiles que están ligados a la memoria territorial y la identidad de las mujeres del país. Las arpilleras son una técnica de bordado que se expandió con fuerza durante la dictadura en Chile, ya que a través del bordado, las mujeres denunciaban las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura de Augusto Pinochet. Por su parte, el telar/witral es una técnica tradicional textil de la cultura mapuche que expresa símbolos propios de la identidad de este pueblo.
Ali Vera participa del tercer ciclo del taller de telar mapuche —impartido por Yessenia Melinao y Romina Carrasco—, expresó estar feliz por la continuidad del proyecto: «Estoy muy contenta que la Fundación Victor Jara nos dé la posibilidad de poder estar acá de nuevo, y poder compartir con las compañeras que ya nos conocíamos antes. Así que estoy muy contenta y muy agradecida de este tercer ciclo que es además el último».
Su compañera Angélica Ólea manifestó que considera «estupendo que nos den este espacio para aprender este oficio textil ancestral. Es recomendable totalmente».
Mientras que Erika Ilabaca, integrante del taller de arpilleras, comentó que ha sido un lindo proceso: «Esto ha sido súper bonito, porque acá hay mucho acompañamiento de las compañeras, me he hecho amigas, y la Cata (Catalina Salas, profesora) ha sido increíble, enseña súper bien, tiene paciencia. Ha sido un proceso bonito, creativo. Estoy súper agradecida de la Fundación, porque me ha dado la oportunidad de aprender este hermoso oficio que yo no conocía».
*Proyecto financiado por Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes. Ámbito regional de financiamiento. Convocatoria 2025.
El compositor peruano, esencial y trascendente, vivió en Chile entre 1950 y 1973. Fue profesor, musicalizador de teatro y colaboró en canciones y proyectos con Victor Jara. Su nombre y su obra han marcado a músicos de todo el continente.
Celso Garrido-Lecca nació en 1926, y se formó en el Conservatorio Nacional de Música de Lima. A los 24 años se trasladó a Santiago para continuar sus estudios en la Universidad de Chile y conoció la influencia del dodecafonismo con Fré Focke, convirtiéndose poco después en profesor de composición. Se integró además como sonidista al Teatro Experimental de la Universidad de Chile, donde realizó musicalización y arreglos para los montajes de los jóvenes elencos de la Universidad. En 1956 participó en los arreglos para El sombrero de paja de Italia, obra del francés Eugène Labiche dirigida por Pedro Orthus, en la que actuaron como extras jóvenes estudiantes, como Alejandro Sieveking o Victor Jara.
Muchos años después, en 1969, fue el encargado de la música de Antígona, una adaptación del clásico de Sófocles realizada por Bertolt Brecht, y que se estrenó en el Teatro de la Universidad Católica bajo la dirección de Victor Jara. Allí ambos trabajaron en conjunto. En el libro Encantadores de serpientes: músicos de teatro en Chile 1988-2011 (2014), de Martín Farías, Garrido-Lecca señala que fue una experiencia especial, y de trabajo colectivo:
“Antígona fue bastante hablada con Víctor, el aspecto musical casi como un aspecto narrativo con música de fondo. Había un trabajo de ver el tiempo que duraba tal narración con la actriz o con el actor. Esa quizás es la obra más elaborada en el sentido de un trabajo común”.
Celso Garrido en la piedra del Intihuatana en Machu Picchu, Perú (1975)
Casi un año después, Victor Jara lo invitó a participar también en la obra colectiva Los siete estados, un ballet que había concebido Patricio Bunster, y donde trabajaron varias piezas con músicos de la orquesta sinfónica y el conjunto Inti-Illimani. Ese fue un trabajo esencialmente instrumental, donde Garrido-Lecca incorporó sonidos electroacústicos, pero —como se sabe— no alcanzó a estar terminado para septiembre de 1973 y nunca fue estrenado.
El trabajo que sí terminó Garrido-Lecca con Victor Jara fueron dos canciones del disco El derecho de vivir en paz, que se grabó entre marzo y abril de 1971. Como contó el propio Garrido el 2006 en una entrevista a Radio Beethoven, reproducida al año siguiente por la revista Resonancias (2007), a Victor Jara “le faltaban dos canciones para ese disco, entonces me pidió que las hiciera con él. Yo la música, y él iba a poner el texto”. Así nacieron B.R.P. y Vamos por ancho camino, esta última uno de los grandes clásicos de Victor Jara, que fue grabada con músicos de Inti-Illimani, además de ser utilizada en la realización audiovisual de Hugo Arévalo de 1972.
Después de 1973, Celso Garrido-Lecca retornó a Perú, exiliándose paradojalmente en su tierra natal, como señala el investigador Ignacio Ramos (2023). Allí comenzó una segunda etapa de creación artística, con obras como Donde nacen los cóndores (1976) considerada la primera cantata popular peruana. Asumió como director del renovado Conservatorio Nacional de la Escuela Nacional de Música, y promovió en ese lugar el aprendizaje de instrumentos folclóricos con el Taller de la Canción Popular, fomentando la creación de conjuntos basados en la estructura de grupos chilenos como Quilapayún e Inti-Illimani, como es el caso del peruano conjunto Tiempo Nuevo.
En 1976 hizo un arreglo para ballet de Vamos por ancho camino, que la coreógrafa Hilda Rivera estrenó con el Instituto Nacional de Cultura del Perú, y en 1987 compuso el Cuarteto de cuerdas Nº2 dedicado a la memoria de su amigo Victor Jara. Se mantuvo activo hasta avanzada edad, y esta semana falleció a los 99 años.
La experimentación y la búsqueda de expresión basada en las músicas latinoamericanas, así como un profundo sentido del valor y la defensa de la cultura popular, sostuvieron en Celso Garrido-Lecca un acercamiento constante a la innovación y la identidad. A través de los recursos de la música dodecafónica, de la música electroacústica, del folklore andino o de la canción comprometida, su comprensión de la libertad cultural y política más allá de todas esas etiquetas inspiró la creación de Victor Jara y de muchas y muchos otros artistas latinoamericanos a través del tiempo.
*Foto de portada: Preparación los Siete Estados. Bunster en primera fila y se ve trabajando la música a Celso Garrido, Horacio Durán, Patricio Castillo, Horacio Salinas y Victor Jara (1973) | Archivo Victor Jara.
El taller gratuito de serigrafía, que marca el puntapié inicial de la Escuela Popular: jóvenes, memoria y derechos humanos, ha sido sumamente valorado por sus participantes, recalcando en la relevancia del aprendizaje teórico y práctico de este oficio como de la memoria en torno a los DD.HH.
Desde mediados de mayo se desarrolla en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara el taller de serigrafía que es parte de la Escuela Popular: jóvenes, memoria y derechos humanos de la Fundación Victor Jara y que busca que sus participantes exploren, aprendan y reflexionen, a través de esta técnica gráfica, sobre la relevancia de la memoria y los derechos humanos en la actualidad; además de adquirir herramientas teórico-prácticas acerca de la serigrafía y su proceso creativo.
El proyecto es posible gracias a la donación del músico Roger Waters y está en línea con el trabajo que está realizando la Fundación, el que tiene un enfoque pedagógico sobre las infancias, juventudes, artes, culturas, memorias y derechos. Otras iniciativas han sido los talleres de fotografía digital, composición musical y las colonias culturales «Girasol». La coordinadora del Sitio de Memoria Estadio Victor Jara, Mariela Llancaqueo, aseguró que «creemos que a través de estos cursos, contribuiremos a generar espacios seguros, donde niños, niñas y adolescentes puedan explorar su creatividad, reflexionar sobre sus derechos, sus problemáticas y necesidades. Así también, puedan aprender diversas técnicas que les permitan expresar y compartir su opinión”, enfatizó Llancaqueo.
De acuerdo a Francisco Sutherland, profesor del taller de serigrafía, «los fines de este taller es que las y los estudiantes ocupen a la serigrafía como una herramienta de comunicación, difusión o denuncia para que sea un vehículos para transmitir sus pensamientos e ideales a la sociedad».
También señaló que en el curso se ha realizado un repaso histórico del diseño gráfico en Chile para que reconocieran cómo ha evolucionado desde los 60 y cómo tras el Golpe de Estado de 1973 hubo un cambio, «ya que antes había un mensaje mucho más amable, solidario y colectivo, pero después se transformaron en diseños más de logotipo y más abstractos que llamaban más bien al individualismo. Ha sido relevante transmitirles que este oficio ha ido sobreviviendo a las tecnologías digitalizadas y que además tiene un carácter popular y comunitario. Por lo demás, es más amigable con el medioambiente y más ecológica», agregó el docente.
Fotografía de una de las sesiones del taller de serigrafía
En el curso también se han dado reflexiones sobre estar en un sitio de memoria como lo es el Estadio Victor Jara. Para Emilia Vilches, integrante del taller, lo que más le ha gustado de este curso es que «no es superficial, ya que hemos conocido el contexto histórico de este estadio, de los derechos humanos, y la historia tras el arte de la serigrafía. Otra cosa que encontré bacán fue que hicimos todos desde cero, como los bastidores, los diseños, todo fue hecho a mano».
Por su parte, para su compañero Nacho comentó que una de las razones para inscribirse fue que las clases fueran gratuitas: «La oportunidad de entrar a un taller de serigrafía gratuito me interesó mucho, porque este es un oficio caro. El taller me ha parecido muy bueno, el profesor es un amor y las funcionarias del Estadio Victor Jara son muy amables, siempre están dispuestas a ayudar. También conocer a otres, otras y otros jóvenes que están interesados en la serigrafía es algo único y muy lindo para construir comunidad».
La Escuela Popular: jóvenes, memoria y derechos humanos de la Fundación Victor es un proyecto que se extenderá abriendo nuevas convocatorias para otros cursos con otros oficios artísticos.
Las y los participantes de los talleres juveniles de fotografía digital y de composición musical presentaron el resultado de sus proyectos personales y colectivos en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara.
Tras seis semanas de formación y aprendizaje, el pasado 26 de julio finalizaron los talleres artísticos juveniles de la Fundación Victor Jara que se desarrollaron en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara y contó con los cursos de introducción a la fotografía digital y de composición musical, «Musicaliza tus ideas». El primero fue impartido por Boris Ramírez, mientras que el segundo por Lisette Vega.
Los talleres tuvieron el objetivo de facilitar habilidades artísticas en jóvenes, ofreciendo no solo la posibilidad de adquirir habilidades técnicas, sino que también propiciando un diálogo intergeneracional y un acercamiento significativo a la historia y la memoria que resguarda este lugar. «A través de la fotografía y la composición musical, la Fundación buscó potenciar habilidades creativas y valores como el trabajo colaborativo, el sentido de pertenencia y comunidad. Esta iniciativa es importante ya que nos permitió conectar con nuevas generaciones quienes se acercaron a la historia y memoria del Estadio, resignificándola como un espacio vivo para la cultura y el encuentro», señaló Rocío Guajardo, encargada del área de cultura del Sitio de Memoria Estadio Victor Jara.
Para Paula Castillo, participante del taller de fotografía, afirmó que su experiencia en el taller fue «demasiado gratificante a pesar de ser de corta duración, logramos aprender mucho y más allá de lo técnico, aprendiendo a cómo contar una historia a través de nuestras fotografías. En mi caso, yo retraté en mi exposición mi gran pasión que es la danza». Paula recalcó que su mayor aprendizaje fue «observar de manera distinta». Su compañero, Martín Herrera indicó que «fue muy genial participar de este proceso. Aprendimos muchas cosas como la diferencia entre mostrar y exponer, de la importancia de involucrarse con lo que estamos fotografiando».
(De izquierda a derecha) Exposición fotográfica de Martín Herrera y Paula Castillo
Compañerismo, confianza y creación
Los Martínez fue la banda que se formó dentro de las clases del taller de introducción a la composición musical, una agrupación conformada por Cristóbal Zúñiga, Martina Martínez, Martín Díaz, Ayub Salhi y Martín Morales, quienes compusieron la canción Corazón Clandestino. Lissette Vega, profesora del curso, detalló que las y los chicos «propusieron desde el pensamiento, la crítica, también aportaron mucho desde la armonía y la melodía, defendiendo sus ideas. Fue algo muy bello poder verles tomar y asumir roles, verles disfrutar la canción. Espero que esta experiencia pueda ser muy significativa como compositores y compositoras de este proceso».
Cristóbal Zúñiga (16), quien fue el baterista de este curso, indicó que las clases fueron una experiencia «muy importante para mi desarrollo como músico. Lo pasé bien, hice nuevos amigos. Fue una experiencia memorable y estoy muy agradecido de esta oportunidad». Por su parte, para Martina Martínez (17), quien se sumó con su canto en la banda, valoró a la Fundación por «otorgar un espacio con una gran carga simbólica, que ha pasado por procesos históricos muy difíciles, también por facilitarnos material pedagógico. Esto aportó a mi experiencia personal. Yo ingresé al taller porque quería aprender a socializar más. Yo no tenía conocimientos de música, pero me encantó participar», señaló la joven de 17 años.
Martín Díaz, de 14 años, tocó la guitarra eléctrica y comentó que «me gustó mucho este taller, fue una muy bonita experiencia. Me encantó el entusiasmo de la profesora, hacía que todos participáramos, nos integraba a todos. Nos tomó mucho en cuenta y nos dio tiempo a todos para que puediéramos reflexionar de la canción y la pudiéramos completar. También me encantó conocer a nuevas personas, me hizo darme cuenta que sí puedo socializar, me pude soltar».
Integrantes del curso de «Musicaliza tus ideas» junto a su profesora Lissete Vega
Ayub Salhi (17), guitarrista y una de las voces de Los Martínez aseguró que este taller le pareció «muy bueno, conocí a gente muy interesante. Siento que este proceso me ayudará mucho en mi formación como músico y en cómo me relaciono con las personas. Fue muy lindo compartir con nuevas personas y la actitud de la profesora fue muy buena».
Por último, Martín Morales (14), bajista de la agrupación, reforzó lo mencionado por sus compañeros y su compañera, «para mí fue una experiencia excelente, conocí a gente nueva y que compartía mi intereses, la música de Victor Jara. Me encantaría poder repetir este taller, porque fue muy emocionante y era algo que yo buscaba hace mucho tiempo».
Durante la entrega de diplomas a las y los estudiantes, se les entregó un pack de tres ediciones de la revista La Bicicleta, las que dan a conocer la vida y obra de Víctor Jara en un formato de cancionero. Una revista que en la década de los 80 fue distribuida durante la dictadura civil militar, siendo parte de la resistencia cultural. Así también, en paralelo a la actividad de cierre, el taller de serigrafía de la Escuela Popular: jóvenes, memoria y derechos humanos» de la Fundación realizó una muestra de sus avances.
La obra que retrata el rostro del cantautor fue realizada e instalada por el Colectivo Musa en el Liceo Víctor Jara de La Pintana.
Desde el 2022 que el Colectivo Musa estuvo trabajando en la creación de un mosaico con el rostro de Victor Jara, una obra en homenaje al legado artístico y social del cantautor y director de teatro asesinado por militares tras el Golpe de Estado de 1973. Fue en el 2023 que la Fundación Victor Jara, luego de cobijar la tercera edición del Festival Kontrabando en la que participó el colectivo, decidió realizar un trabajo de vinculación con ellos.
De acuerdo a Rocío Guajardo, encargada de cultura del Sitio de Memoria Estadio Victor Jara, «esta donación se estuvo gestando hace bastante tiempo, podríamos decir que desde 2023 cuando se realizaba la elaboración del mosaico en el marco del Festival Kontrabando realizado en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara. A partir de ese entonces, el Colectivo Musa se dedicó durante un año prácticamente a completar la obra en el mismo estadio. Una vez terminado el trabajo, en diciembre del 2024 comenzamos a buscarle un hogar definitivo, de esa manera surgió la idea por parte de la Fundación de donarlo al Liceo Victor Jara de La Pintana, como una manera de fortalecer el vínculo entre dichas instituciones y a modo de agradecimiento por todo el cariño y la dedicación que tiene dicho establecimiento en promover la educación artística junto con el legado y la figura de Victor».
El mosaico fue inaugurado oficialmente el pasado 17 de julio en la fachada de ingreso del Liceo Víctor Jara de La Pintana con una ceremonia en la que estuvo presente parte del equipo de la Fundación Victor Jara junto a su presidenta, Amanda Jara; integrantes del Colectivo; la alcaldesa Claudia Pizarro; Pablo Araya, director del SLEP El Pino; junto a apoderados, apoderadas y parte del cuerpo del establecimiento.
(De izquierda a derecha) Mariela Llancaqueo, coordinadora Sitio Memoria Estadio Victor Jara; Isabel González Vera de Colectivo Musa; Amanda Jara, presidenta Fundación Victor Jara; Gonzalo San Martín y Daniela Martínez, integrantes Colectivo Musa; y Rocío Guajardo, encargada cultura Sitio Memoria Estadio Victor Jara.
Amanda Jara aseguró estar orgullosa de esta donación ejecutada por la Fundación que encabeza, así también, valoró el trabajo realizado por el Colectivo Musa: «Estoy súper contenta que este proyecto haya resultado. Agradezco a las y los artistas que hicieron este bello mosaico con mucho corazón. Como Fundación Victor Jara, esperamos que esta obra sirva como inspiración para la comunidad escolar de este liceo».
El mosaico con el rostro de Victor Jara en la fachada de ingreso del Liceo ubicado en La Pintana
Gonzalo San Martín, integrante del Colectivo Musa: «Para nosotros es importante llevar a la calle a las personas que marcaron nuestro camino artístico, y Victor Jara atraviesa la vida de muchas de las personas que decidimos dedicarnos a las artes, porque no solo fue un gran artista, era una persona con una convicción como pocas. Estamos convencidos de que su legado debe ser un eco eterno y esta pieza la comenzamos a hacer con la convicción de que había que hacerlo».
San Martín también agradeció el trabajo de vinculación con la Fundación: » Agradecemos a la Fundación Victor Jara que nos cobijó y gestionó esta donación. Estoy muy agradecido, por que esté en un colegio… El otro día escuché a un niño pequeño que le dijo a su mamá Mira, él es Victor Jara, eso significó mucho para nosotros, y esa es la razón para seguir haciendo nuestro trabajo. Estamos convencidos de que el arte es una herramienta eficaz para cultivar la memoria».
En la ceremonia inaugural, estudiantes del Liceo Victor Jara realizaron presentaciones musicales y de danza en compañía de la Orquesta estudiantil de la Escuela Brisas de Chena.
Editorial Forja presenta Crónica de una muerte obrera de Joaquín Rodríguez Soza, una obra que recoge la historia de José Ricardo Ahumada Vásquez, un joven obrero asesinado en el Chile pre Golpe de Estado y cuya historia inspiró la canción Cuando voy al trabajo de Víctor Jara.
Ambientado en los convulsionados días de Chile previo al Golpe de Estado, Crónica de una muerte obrera de Joaquín Rodríguez Soza, narra la vida e historia sindical y política de un obrero de la construcción: José Ricardo Ahumada, el “rucio choro” como le decían sus amigos. Esposo, padre y activista asesinado en una manifestación en la Alameda en abril de 1973.
Con una escritura profundamente humana y una investigación rigurosa, el autor logra combinar su experiencia como abogado laboral con una sensibilidad narrativa que conecta el drama humano con el contexto político y social de la época. El resultado es un libro íntimo y revelador, que invita a reflexionar sobre el país que fuimos y el que seguimos construyendo.
En el lanzamiento del libro Crónica de una muerte obrera, la escritora y directora de la Casa Museo de Isla Negra de la Fundación Pablo Neruda, Carolina Rivas, destacó que “hubiera sido fácil construir el relato consultando documentos y entrevistas, pero Joaquín fue más al fondo y trajo de vuelta a la vida a Ricardo, a sus amigos y a su familia. Eso constituye gran parte del valor agregado de esta crónica, que además tiene corazón”.
También participó de la presentación del título la presidenta de la Fundación Victor Jara e hija del cantautor, Amanda Jara, quien compartió su emoción al leer el libro: “Me devoré esta crónica. No solo reconstruye con sensibilidad y respeto la historia de Ricardo, sino que también nos conecta con una época de esperanza y dolor que no debemos olvidar. Es un libro necesario para comprender el Chile de ayer y el de hoy”, señaló.
Por su parte, Joaquín Rodríguez, se motivó a escribir e investigar en la historia del joven obrero tras ver un video publicado por la Fundación Victor Jara en su cuenta de Instagram, en el que Inés Bascuñán, viuda de José Ricardo, entregaba su testimonio. El autor también agregó que la canción Cuando voy al trabajo es muy especial para él y en su relación familiar.
Joaquín Rodríguez Soza es abogado de la Universidad de Chile, especializado en derecho laboral y asesoría sindical. Durante más de 15 años ha trabajado junto a organizaciones de trabajadores, defendiendo sus derechos y fortaleciendo procesos colectivos. Tras pasar por los talleres literarios de Diego Muñoz y Carolina Rivas, publica Crónica de una muerte obrera, donde entrelaza compromiso social y vocación literaria.
El libro ya está a la venta en www.editorialforja.cl y en librerías de todo el país. Pronto estará disponible también en formato digital.
En estas vacaciones de Invierno, se realizaron talleres gratuitos de expresión corporal, cuentacuentos, además del de ilustración y escenografía en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara. El proyecto se repetirá en el próximo período estival chileno.
Durante seis días se desarrollaron en el Sitio de Memoria Estadio Victor Jara las Colonias Culturales «Girasol», un proyecto levantado por la Fundación Victor Jara que contempló realizar talleres de expresión corporal, cuentacuentos, de ilustración y escenografía para niñas y niños que tuvieran entre 7 a 12 años. La iniciativa fue parte de una línea y ciclo de trabajo que está desarrollando la organización, la cual está focalizada en las infancias con el propósito de promover sus derechos culturales, facilitando el acceso a comunidades populares y creando un vínculo con ellas a través de las artes, la educación y la recreción.
La líder del área de cultura del Sitio de Memoria, Rocío Guajardo, destacó la relevancia de crear proyectos artísticos para niños y niña: «Creemos firmemente en el derecho a vivir una infancia digna, protegida y con acceso a experiencias culturales significativas. Y eso es lo que hicimos aquí: cuidar, acompañar y sembrar, como un girasol, esperanza y alegría en el corazón de cada participante. Aprovechamos las vacaciones escolares de Invierno para encontrarnos, y ya nos preparamos para una nueva versión en Verano«, adelantó acerca del proyecto de las Colonias Culturales «Girasol».
Participantes de las Colonias Culturales «Girasol» de las vacaciones de Invierno 2025
Arte y creación en las infancias
A lo largo de seis días, en cada uno de los tres cursos trabajaron en concordancia y coherencia para montar y ejecutar una presentación final musicalizada e inspirada en la canción Gira, gira, girasol de Victor Jara junto al conjunto Quilapayun, pero a su vez, las y los integrantes aportaron con ideas.
Cidad Zúñiga, profesor del taller de cuentacuentos, aseguró que en sus clases «se buscó a través de la experimentación artístico-literaria crear cuentos con elementos de la naturaleza, lo ideal era crear una gran historia final para que se pudieran presentar en concordancia con lo que realizaban los otros dos talleres». El educador describió que las sesiones fueron «una experiencia espectacular, pues les niñes se desenvolvieron súper bien haciendo los cuentos, les gustó mucho escribir, experimentar con elementos que les rodean; para ellos fue fantástico acercarse, a través del arte a estos elementos de la naturaleza».
Por su parte, Alejandro Ortega fue el encargado de liderar a las y los pequeños en el taller de expresión corporal. Al respecto comentó que «el trabajo con las niñas y niños fue muy fluido, ellos tienen mucha creatividad. En la presentación final muy bonita y emocionante. Ellas y ellos se fueron muy contentos». Así también, el educador comentó que a las afueras del pasaje Arturo Godoy —donde se ubica el sitio de memoria— y sus alrededores «estaba lleno de basura, eso les inspiró para integrarlo en el relato artístico y se les ocurrió crear flores que germinando en medio de la basura».
Mientras que Miguel Ángel Zeballos lideró el curso de ilustración y escenografía aseguró que «fue todo un desafío, ya que combinaba montaje teatral, la puesta en escena, y la ilustración. En conjunto, creamos objetos que sería parte del escenario para la presentación final que donde todo iba a estar dibujado. Las niñas y niños comprendieron que esto era un proceso, desde diseñar la idea y hacer bocetos para luego construir y montar los objetos mismo, además de participar en la movilización de estos sobre el escenario. Todo resultó ser muy entretenido y también vi que esta experiencia les resultó algo bastante signitivo y novedoso. Eso es algo muy valioso y destacable para mí».
Parte de la puesta en escena de la presentación final de las Colonias Culturales «Girasol», Invierno 2025.
Por su parte, estos fueron algunos de los comentarios que dijeron niños y niñas acerca de los talleres: «Me gustaron y me divertí mucho. Hice amigas: yo y las dos gemelas» (Zoe); «Me gustó hacer actividades» (Rodrigo); «Me gustó inflar globos» (Emily y Nataly, hermanas); «Me gustó mucho jugar» (Antonella); «Me gustaron los talleres, porque tenían mucha energía, me gustó el baile que hicimos… Me maquillaron, tuve que hacer un baile. Hice dos amigas acá» (Sofía).
Al cierre de la última jornada, la Fundación Victor Jara les regaló a cada participante un ejemplar del libro «Décimas de segundo». Poesía popular para niños y niñas» de Álvaro Prieto G., 1 caja de lápices, 1 sacapuntas, 1 goma y 1 remolino.